Los Fracasados
Martes, Octubre 20th, 2009
“El secreto de la felicidad no está en hacer siempre lo que se quiere,
Si no en amar siempre lo que se hace”
León Tolstoi
Cuando yo era niña, solía creer que para llegar a ser alguien en la vida, había que esforzarse mucho. Los padres nos reprendían duramente cuando fallábamos en algo, pero también nos premiaban, aunque fuese modestamente, cuando obteníamos buenas notas escolares o algún otro logro. Teníamos bien claro que todo esfuerzo realizado daría sus frutos tarde o temprano. Y así era.
Quienes tuvimos la fortuna de crecer en una época en la que todavía se permitían los castigos y los regaños, es decir, una época en donde no se tenía miedo a disciplinar a los niños con métodos considerados hoy como drásticos, crecimos siendo adultos responsables, con metas más o menos definidas, con propósitos en la vida y, sobre todo, con una visión del éxito muy distinta a la actual.
Para mi generación y las anteriores a la mía, una vida exitosa era aquella que te permitiera hacer cosas que te proporcionaran placer, pero no un tipo de placer efímero, instantáneo y egoísta. No. Un placer compartido, generoso y duradero. Es decir, llegar a construir una casa a nuestro gusto, en donde pudiésemos pasar el resto de nuestra vida plácidamente, rodeado de nuestra familia y de nuestros amigos; viajar a sitios interesantes, conocer gente, tomar cursos de artes, de idiomas, jubilarnos a una buena edad y con una pensión digna que nos permitiera hacer todas esas cosas que siempre quisimos.
Había en nuestros ideales un sentido de solidez, de permanencia de trascendencia que nos incitaba a esforzarnos por conseguirlos. Teníamos una idea más o menos clara del objetivo, y nos habían preparado para los tropiezos que pudiésemos hallar, delegándonos responsabilidades de acuerdo a nuestra edad y dejándonos aprender de nuestros propios errores. Los límites estaban trazados y no debíamos traspasarlos, so pena de recibir el castigo merecido.
El método funcionaba. Tanto, que la mayoría de mis contemporáneos y amigos de generaciones anteriores a la mía, son personas maduras (intelectualmente hablando), responsables y comprometidas que han decidido dedicarse a hacer lo que les gusta y han logrado vivir de ello. Gente cuya felicidad consiste principalmente de todos esos placeres que no tienen mucho que ver con los que anuncian en la televisión.
Es decir, su felicidad se cifra en que no son víctimas de este mundo materializado y consumista que obliga a las personas a despojarse de sus ideales y de sus anhelos a cambio de un trabajo esclavizante y efímero con tal de “estar dentro” de la jugada. Es decir, con tal de llevar una vida de comodidades e incluso lujos que nunca podemos disfrutar porque nunca tenemos tiempo y que, además, no nos proporcionan más que un placer momentáneo para después sumergirnos en una profunda depresión que nos hace sentir que somos unos “fracasados”.
Esta idea del fracaso social surge a partir de que la sociedad de productores (que aún prevalecía hasta mediados de los años 60) se volvió una sociedad de consumidores. La idea de que el hombre debía ser como un soldado, fuerte y sano, para poder trabajar y que ese trabajo fuera su razón de vivir (idea por demás nefasta), se transformó en la de el hombre cuyo único fin en la vida es la de consumir. Es decir, trabajar como esclavo para alguien más, perder el sentido de pertenencia a una comunidad, volverse individualista y egoísta y comprar y consumir o, literalmente, quedar “fuera” de la jugada.
Sygmunt Bauman dice en su libro Vida de consumo1 “La sociedad de consumidores implica un tipo de sociedad que promueve, alienta o refuerza la elección de un estilo de vida consumista, y que desaprueba toda opción cultural alternativa…una sociedad cuya única elección de vida plausible y aprobada es la de la cultura del consumo…un requisito de pertenencia”.
Comprar o morir. Consumir y estar a la moda o quedarse “rezagado, estar “fuera”. Tener tal o cual carro, vestir tal o cual marca de ropa, tener tal o cual aparato electrónico, parecieran ser las consignas, los preceptos que rigen nuestra vida. Lo peor es que en este mundo consumista, las principales víctimas o “blancos” de las agencias publicitarias son los niños. Cuando aún ni siquiera saben leer, ya distinguen marcas, logotipos, símbolos de productos y ya se han vuelto adictos a las compras.
La intolerancia a la frustración por no tener tal o cual cosa, hace que los niños se rebelen contra sus padres, y éstos a su vez, caen víctimas de un sentido de fracaso social por no poder acceder a ese modo de vida “ideal” para nuestros hijos. Pero, ¿es ese realmente el mundo ideal? ¿El poseer cosas es el mejor de los mundos posibles? ¿Nos hace verdaderamente más felices, más plenos? ¿Por qué entonces estamos siempre de tan mal humor, tan insatisfechos y tan incompletos? ¿Por qué la depresión es la “enfermedad de nuestro tiempo? ¿Por qué buscamos “huir” de la realidad con el alcohol y las drogas, con el juego, con el sexo ocasional, con las películas tontas? ¿Por qué queremos que todo sea “virtual” y nada real….? ¿Por qué, si consumimos tanto, después queremos deshacernos de todo eso con dietas, aparatos y ejercicios que nunca funcionan y sólo nos sumen en una depresión aún más profunda?
Tendríamos que buscar la respuesta en el planteamiento de algunas de estas preguntas ¿Qué me hace feliz? ¿Me gusta lo que hago? ¿Soy un fracasado por no caer en el juego del consumismo? ¿Amo a las personas y a mí mismo más que a cualquier cosa material? ¿Soy una buena persona? ¿Me aman por lo que soy o por lo que tengo? ¿Vale más tener muchas cosas aunque no se tenga con quien compartirlas a disfrutar pocas, pero en compañía? Y, sobre todo, ¿Puede cualquier objeto material, por valioso que sea, sustituir el amor y el afecto gratuitos e incondicionales de mi familia y de mis amigos?
¿Quiénes son los fracasados? ¿Quienes creemos que la vida se halla fuera del ámbito de lo material? ¿Quienes no entramos al juego tramposo del consumismo? ¿No son los fracasados más bien, las infelices víctimas de éste, quienes, pese a su vertiginosa carrera por estar dentro del juego y por pertenecer, se sienten cada vez más frustrados y más solos en un mundo que no los acepta tal y como son?
Habría que replantearse la idea de éxito y de fracaso en términos de la felicidad, la alegría, la paz espiritual y el amor. Si no son éstos nuestros valores últimos, entonces tal vez el consumismo nos sirva de acicate temporal a nuestra frustración, pero si sí lo son, no habremos de hallarlos a través de éste, sino dentro de nosotros mismos. Una vida de éxito es aquella en la cual no se necesita tener nada más de lo que se tiene para ser feliz.
Teresa de Jesús Padrón Benavides
teresa_padron@hotmail.com
* El título de este trabajo lo tomo a propósito de un artículo de Pablo Latapí Sarre, “Los triunfadores”, publicado en la revista PROCESO, el 18 de Julio del 2001
1 Bauman, Zygmunt, Vida de Consumo, México, 2007, FCE, p. 78,


Javier Remo says:
Octubre 24th, 2009
8:01
Me gustan mucho las múltiples preguntas que planteas, son de esas que debe hacerse uno de frente al espejo.
Juana Rubio Romero en su tesis doctoral “El consumo como configurador de identidades juveniles: una perspectiva sociohistórica y psicoanalítica” escribe:
“…la producción para el deseo será la piedra angular sobre la que se apoya el sistema de mercado para su sostenimiento y su reproducción, pues el deseo, por ser imaginario, es imposible de satisfacer… el deseo exige absoluto reconocimiento, al mismo tiempo que está alienado en un Otro (Lacan: “el deseo es el deseo del Otro”) del deseo que sólo por desplazamiento/metonimia o por condensación/metáfora puede encontrar apaciguamiento en la fantasía. Esta
dinámica del deseo, a partir de la carencia estructural a la que remite, es la
que consigue que cualquier objeto pueda servir en su acoplamiento, por lo
que es un instrumento que se ajusta admirablemente a la lógica del
consumo”.
Saul Rodriguez says:
Octubre 29th, 2009
7:10
… Es increible lo mucho que nos ha consumido el consumismo y como ahora le damos mas importancia al materialismo que a los verdaderos sentimientos, y digo verdaderos refiriendome a la sinceridad y el cariño sincero …
… Ya no nos preocupamos por ser felices si no por encontrar la felicidad atraves de lo material, de lo efimero, de lo etéreo …
… Prefirimos que la gente nos admire por lo que tenemos y no por lo que somos, una cultura del consumo completamente cruda y real mas que todo …
… Benditos aquellos que encuentren la felicidad en su ser, pues a ellos no les faltara nada …
… Saludos Maestra y gracias por compartir sus letras con nosotros sus fieles lectores, reciba un cordial saludo de mi parte ATTE Saul Rodriguez …
Lino Valenzuela says:
Noviembre 4th, 2009
0:02
Bien, Tere, el consumismo es el problema. Pero no sólo el consumo vulgar de fritangas y artículos de moda, ropa o automóviles. También afecta el consumismo intelectual.
He visto a muchos intelectuales, o que intentan serlo, consumir cultura sólo por el consumo mismo; leen libros, oyen música, ven películas… todo para aumentar el número de títulos en el bagaje cultural, más que por el gusto, curiosidad, morbo o placer de hacerlo. Quiero decir, nadie escapa o escapamos de este mal de nuestro tiempo, el consumismo, por eso conviene reflexionarlo de vez en cuando como lo has hecho.
Ben Zion says:
Noviembre 4th, 2009
22:27
Shalom Teresa!
No puede entender bien todo que tu dices pero si lo entiendo la idea mayor que vivimos en unmundo materialista y deben hacer todo posible por cambiar las cosas para que no esista tanto viloence o gerras y tenemos que cambiar…
Laila Tov from Istael!!! (it’s midnight here…)
Shalom!
Lupita says:
Noviembre 4th, 2009
23:02
Gracias maestra por abrirnos la razón y por hacernos reflexionar con usted acerca de lo importante de las cosas que no se pueden comprar con dinero
un saludo y nos vemos en clase (10 am)
Lupita