Los libros exiliados
Martes, Diciembre 8th, 2009A propósito del homenaje a Ray Bradbury
“El amor de Yahvé es el principio del conocimiento. Los necios desprecian la sabiduría y la instrucción.”
Proverbios 1:7
Imaginemos este escenario: Los libros son vetados (y los pocos que quedan son quemados) y sus dueños perseguidos y encarcelados por querer perseverar en una práctica obsoleta, anticuada y que nada aporta de “valioso” a una sociedad cuyos principios rectores son la auto complacencia y el hedonismo, el consumo masivo, la maquinación y deshumanización. Una sociedad en donde lo “políticamente correcto” es poseer bienes materiales, ser ostentoso en los gustos y procurarse placeres perversos tales como perseguir a los peatones con sus carros intentando arrollarlos o prenderle fuego a las pocas especies de animales que aún sobreviven sólo por ver cómo sufren. ¿Les suena familiar?
Ray Bradbury escribió su profética novela Farenheit 451 en 1953, en plena Guerra Fría y la situó en 1990. Hoy, a casi 20 años del tiempo que él describe, podemos atestiguar que no sólo su visión fue certera, sino que la realidad superó a la ficción.
Estamos asistiendo a la peor de las distopias posibles. Una visión nefasta, oscura, en donde la miseria humana se refleja en la violencia cotidiana, en la pobreza extrema de muchos y en la riqueza y poderío de unos cuantos. En el desprecio por la cultura, por el arte, por la vida espiritual y en el desencanto por no hallar la verdadera felicidad, por más que nos afanemos, en lo material.
En la novela, Guy Montag, el personaje principal es un bombero aunque, apelando al juego de palabras en Inglés (fireman) que traducido sería literalmente “hombre del fuego” se dedica, no a apagar incendios, sino a quemar libros. Su trabajo es considerado como esencial por su jefe, el capitán Beatty, para la auto censura y el control que la sociedad requiere para su manipulación.
La contraparte de Montag, Clarisse Mcllelan, es una intelectual, amante de los libros, libre pensadora y, por lo tanto, crítica del mundo en el que vive. Ella logra que Montag se cuestione respecto de su propia vida, sus valores, sus creencias, su sentido de la felicidad…. Irónicamente, Clarisse muere arrollada por un automóvil.
La novela termina con una famosa cita de la Biblia, Apocalipsis 22:2 (El río de agua de vida) “Luego me mostró el río de agua de vida, brillante como el trono de Dios y del Cordero”. En medio de la plaza, a una y otra márgenes del río, hay un árbol de vida que da fruto doce veces, una vez cada mes y sus hojas sirven de medicina para los gentiles”. (Las cursivas son mías).
Dentro de la literatura llamada de ficción, esta es una de las más bellas metáforas acerca del conocimiento como “agua de vida” que fluye, perenne hacia la liberación absoluta y de la ignorancia como esclavitud, como ceguera, como estatismo y petrificación de los fines últimos del hombre.
Bradbury ha dicho de su novela que es, ante todo una crítica a la sociedad de consumo y auto complaciente y un homenaje a la literatura y a los libros como entes liberadores de la esclavitud y la estupidez en la que vivimos inmersos gracias a la televisión y a los medios masivos.
En esta entrevista, que concedió, vía satélite a los asistentes a la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, Bradbury habla de su amor por la vida, de un niñez, de sus pasiones, sus miedos y frustraciones, pero sobre todo, habla de su gran amor: los libros. Y menciona, con una emoción que sólo tienen los bibliófilos, a algunos de sus grandes autores que, curiosamente, no son novelistas, sino poetas., tal vez porque él es un poeta en ciernes que, a sus 89 años, sigue enamorado de la literatura y ésta lo sigue sorprendiendo.
Y Bradbury nos habla de lo feliz que ha sido como escritor y nos conmina a leer, nos convoca a descubrir el placer de la lectura y nos incita a apasionarnos de los libros con una frase tolstoiana: “Dedícate a hacer lo que amas y ama lo que haces”.
Yo agregaría sólo una pequeña nota a la frase anterior y sería que, para que los que amemos sea algo bueno, algo noble, algo sublime, tendríamos que empezar por revalorar el conocimiento (a través de los libros) como única fuente de inspiración y de guía para conseguirlo.
No exiliemos a los libros. No los despreciemos y los veamos como entes extraños, inútiles, carentes de valor. Hallemos placer en ellos. Hagámoslos nuestros aliados en la búsqueda del verdadero sentido de la vida. Que la luz del conocimiento que sólo ellos nos brindan, apague la oscuridad de la ignorancia propia de nuestro tiempo.
Teresa de Jesús Padrón Benavides

