Diciembre
Jueves, Enero 28th, 2010Suzanne Islas Azaïs
“… de un modo u otro, cada hombre está unido por ese mismo
lazo siamés no a uno, sino a muchos otros mortales” Moby Dick.
Los graves hechos de violencia suscitados en Obregón durante la segunda quincena de diciembre trastocaron la cotidianidad de la ciudad sembrando el miedo y la incertidumbre entre sus habitantes. Como reacción natural, muchos decidieron resguardarse en sus casas restringiendo sus salidas a lo estrictamente necesario. Es previsible que esta actitud de aislarse y recogerse en la vida privada, de tratar de asegurar el círculo de los más cercanos, se extienda entre los obregonenses dado el sentimiento de desprotección e inermidad que recorre a la ciudad, y al país mismo.
Pero otros eventos tuvieron lugar en Obregón también durante la segunda quincena de diciembre. Por ejemplo, el tradicional concierto navideño del Instituto Schiller en la Catedral del Sagrado Corazón de Jesús. Niños, adolescentes y jóvenes unieron sus voces y sus conocimientos de música bajo la dirección de la maestra Ana Linda Ruiz Quezada en una tarde de villancicos navideños a la que asistieron alrededor de mil personas. En tal evento participó también el grupo folklórico Khenany. La prensa local informaba, en esa misma segunda quincena de diciembre, la próxima apertura de un nuevo campus de la Universidad de Sonora (Unison), en este caso ubicado precisamente en nuestra localidad.
Cabe señalar que con el establecimiento de la Unison suman ya un total de 15 universidades e instituciones de educación superior con las que cuenta Ciudad Obregón: la Universidad del Valle de México (UVM), el Instituto Tecnológico de Sonora (ITSON), el Instituto Tecnológico Superior de Cajeme (ITESCA), el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), la Universidad La Salle Noroeste (ULSA), la Universidad Tecnológica del Sur de Sonora (UTS), la Universidad Tec Milenio, la Universidad del Desarrollo Profesional (UNIDEP), el Instituto Tecnológico del Valle del Yaqui (ITA 21), la Universidad Vizcaya de las Américas, el Colegio Nacional de Capacitación Intensiva (CNCI), la Universidad Interamericana para el Desarrollo (UNID), la Escuela Normal Estatal de Especialización (Providencia), la Universidad Pedagógica Nacional (UPN) Subsede Obregón y, finalmente, la propia Unison que, con cuatro nuevas licenciaturas y con el apoyo de los servicios médicos de calidad con que contamos, sin duda seguirá atrayendo a la población estudiantil de la región.
El que una ciudad albergue tal cantidad de instituciones de educación superior nos habla de una población mayoritariamente joven y en proceso de preparación. Y si bien la educación constituye un pilar fundamental para una sociedad en proceso de desarrollo, ella termina por convertirse –si se nos permite la expresión- en un verdadero “cojín de flotación” al que hay que aferrarse cuando se trata de una sociedad en crisis como la nuestra. De aquí la importancia de consolidar toda institución de carácter educativo y cultural que permita canalizar la creatividad, inquietud y avidez propia de los jóvenes, al mismo tiempo que haga posible la formación de su conciencia crítica y provea a la localidad de recursos humanos profesionales capaces de insertarse en el mercado de trabajo. Sólo una “cruzada” por la educación nos permitirá salir de la profunda crisis por la que atravesamos en nuestra ciudad y en el país entero.
Vale la pena recordar así que Obregón cuenta con otros “cojines de flotación”: el recientemente abierto museo “Sonora en la revolución”, por ejemplo. Se trata de un moderno museo interactivo que permite al visitante –sobre todo a los niños- convivir de manera cercana con lo que allí se exhibe. Todavía en proceso de acondicionamiento, el museo nos ofrece además la oportunidad de reflexionar en torno al papel de Sonora en la construcción del México del siglo XX. Por lo demás, que uno de los mensajes finales del museo se refiera a esos años como la etapa decisiva en la que se construyó el México de hoy debiera motivarnos a reconsiderar, de manera profunda, el carácter, desarrollo y fin del régimen de la revolución. Del mismo modo, dicho mensaje no puede sino constituir un testimonio –tal vez no intencionado- del fracaso de nuestra “transición política”. Más allá de ceremonias, una reconsideración de la historia con perspectiva de futuro es -nos parece- lo que resulta urgente en el contexto de nuestros centenarios.
Debemos mencionar además otras instancias como Casa Rosalva, el planetario Cajeme, la casa de la cultura y la galería de arte del Itson. Pero la recientemente remodelada Laguna del Náinari nos ofrece ahora también un espacio abierto de esparcimiento sin duda atractivo para las familias obregonenses. Y son estos espacios públicos los que debemos recuperar en beneficio de todos. No se trata aquí de minimizar los hechos de violencia que en ocasiones parecieran amenazar incluso con incorporarse a nuestra cotidianidad. Por el contrario, de lo que se trata es de identificar esas puertas de salida, esos “cojines de flotación” que nos permitan enfrentar y superar adecuadamente la crisis. Aunque a veces no lo parezca, quienes han decidido romper con la sociedad y seguir el camino de la ilegalidad siguen siendo minoría. Y los ciudadanos todos debemos de mantener y recrear el vínculo de convivencia social que haga posible el bienestar general.
En el epígrafe que inicia esta nota, Ismael nos recuerda que un lazo siamés une estrechamente a los hombres. Y ello sobre todo es así cuando se trata de los habitantes de una ciudad que comparten las vicisitudes del día a día. Por cierto, ese lazo siamés se extiende ahora, por supuesto, hasta Haití.

