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	<title>Cajeme Cultural &#187; Teresa de Jesús Padrón Benavides</title>
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	<description>Cartelera, Noticias y Dialogo sobre las artes en Cajeme.</description>
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		<title>Los libros exiliados</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Dec 2009 16:03:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teresa de Jesús Padrón Benavides</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos de Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[extra]]></category>

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		<description><![CDATA[A propósito del homenaje a Ray Bradbury
“El amor de Yahvé es el principio del conocimiento. Los necios desprecian la sabiduría y la instrucción.”
Proverbios 1:7
Imaginemos este escenario:  Los libros son vetados (y los pocos que quedan son quemados) y sus dueños perseguidos y encarcelados por querer perseverar en una práctica obsoleta, anticuada y que nada aporta [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;"><em>A propósito del homenaje a Ray Bradbury</em></p>
<p align="right">“El amor de Yahvé es el principio del conocimiento. Los necios desprecian la sabiduría y la instrucción.”</p>
<p align="right">Proverbios 1:7</p>
<p>Imaginemos este escenario:  Los libros son vetados (y los pocos que quedan son quemados) y sus dueños perseguidos y encarcelados por querer perseverar en una práctica obsoleta, anticuada y que nada aporta de “valioso” a una sociedad cuyos principios rectores son la auto complacencia y el hedonismo, el consumo masivo, la maquinación y deshumanización. Una sociedad en donde lo “políticamente correcto” es poseer bienes materiales, ser ostentoso en los gustos y procurarse placeres perversos tales como perseguir a los peatones con sus carros intentando arrollarlos o prenderle fuego a las pocas especies de animales que aún sobreviven sólo por ver cómo sufren. ¿Les suena familiar?</p>
<p><span id="more-2190"></span></p>
<p>Ray Bradbury escribió su profética novela <em>Farenheit 451</em> en 1953, en plena Guerra Fría y la situó en 1990. Hoy, a casi 20 años del tiempo que él describe, podemos atestiguar que no sólo su visión fue certera, sino que la realidad superó a la ficción.</p>
<p>Estamos asistiendo a la peor de las distopias posibles. Una visión  nefasta, oscura, en donde la miseria humana se refleja en la violencia cotidiana, en la pobreza extrema de muchos y en la riqueza y poderío de unos cuantos. En el desprecio por la cultura, por el arte, por la vida espiritual y en el desencanto por no hallar la verdadera felicidad, por más que nos afanemos, en lo material.</p>
<p>En la novela, Guy Montag, el personaje principal es un bombero aunque, apelando al juego de palabras en Inglés (fireman) que traducido sería literalmente “hombre del fuego” se dedica, no a apagar incendios, sino a quemar libros. Su trabajo es considerado como esencial por su jefe, el capitán Beatty, para la auto censura y el  control que la sociedad requiere para su manipulación.</p>
<p>La contraparte de Montag, Clarisse Mcllelan, es una intelectual, amante de los libros, libre pensadora y, por lo tanto, crítica del mundo en el que vive. Ella logra que Montag se cuestione respecto de su propia vida, sus valores, sus creencias, su sentido de la felicidad…. Irónicamente, Clarisse muere arrollada por un automóvil.</p>
<p>La novela termina con una famosa cita de la Biblia, Apocalipsis 22:2 (El río de agua de vida) “Luego me mostró el río de agua de vida, brillante como el trono de Dios y del Cordero”. En medio de la plaza, a una y otra márgenes del río, hay un árbol de vida que da fruto doce veces, una vez cada mes y sus hojas sirven de <em>medicina</em> para los gentiles”. (Las cursivas son mías).</p>
<p>Dentro de la literatura llamada de ficción, esta es una de las más bellas metáforas acerca del conocimiento como “agua de vida”  que fluye, perenne hacia la liberación absoluta y de la ignorancia como esclavitud, como ceguera, como estatismo y petrificación de los fines últimos del hombre.</p>
<p>Bradbury ha dicho de su novela que es, ante todo una crítica a la sociedad de consumo y auto complaciente y un homenaje a la literatura y a los libros como entes liberadores de la esclavitud y la estupidez en la que vivimos inmersos gracias a la televisión y a los medios masivos.</p>
<p>En esta entrevista, que concedió, vía satélite a los asistentes a la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, Bradbury habla de su amor por la vida, de un niñez, de sus pasiones, sus miedos y frustraciones, pero sobre todo, habla de su gran amor: los libros. Y menciona, con una emoción que sólo tienen los bibliófilos, a algunos de sus grandes autores que, curiosamente, no son novelistas, sino poetas., tal vez porque él es un poeta en ciernes que, a sus 89 años, sigue enamorado de la literatura y ésta lo sigue sorprendiendo.</p>
<p>Y Bradbury nos habla de lo feliz que ha sido como escritor y nos conmina a leer, nos convoca a descubrir el placer de la lectura y nos incita a apasionarnos de los libros con una frase tolstoiana: “Dedícate a hacer lo que amas y ama lo que haces”.</p>
<p>Yo agregaría sólo una pequeña nota a la frase anterior y sería que, para que los que amemos sea algo bueno, algo noble, algo sublime, tendríamos que empezar por revalorar el conocimiento (a través de los libros) como única fuente de inspiración y de guía para conseguirlo.</p>
<p>No exiliemos a los libros. No los despreciemos y los veamos como entes extraños, inútiles, carentes de valor. Hallemos placer en ellos. Hagámoslos nuestros aliados en la búsqueda del verdadero sentido de la vida. Que la luz del conocimiento que sólo ellos nos brindan, apague la oscuridad de la ignorancia propia de nuestro tiempo.</p>
<p align="right">Teresa de Jesús Padrón Benavides</p>
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		<title>Reparar el Mundo</title>
		<link>http://www.cajemecultural.com/2009/11/reparar-el-mundo/</link>
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		<pubDate>Thu, 05 Nov 2009 16:06:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teresa de Jesús Padrón Benavides</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos de Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[extra]]></category>

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		<description><![CDATA[
“La sabiduría es lo principal; por lo tanto, adquiere sabiduría y conocimiento de cada cosa”
Proverbios 4:7
“¿Quién es sabio? Quien aprende de los otros. ¿Quién es un héroe? Quien controla sus pasiones”
Pirkei Avot
Hace unos días recibí en mi correo electrónico una carta cuyo título era “Sencillez para los hijos en Ciudad Obregón” en la que alguien [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><!-- 		@page { margin: 2cm } 		P { margin-bottom: 0.21cm } --></p>
<p style="text-indent: 1.25cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" align="right">“La sabiduría es lo principal; por lo tanto, adquiere sabiduría y conocimiento de cada cosa”<br />
Proverbios 4:7</p>
<p style="text-indent: 1.25cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" align="right">“¿Quién es sabio? Quien aprende de los otros. ¿Quién es un héroe? Quien controla sus pasiones”<br />
Pirkei Avot</p>
<p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" align="justify">Hace unos días recibí en mi correo electrónico una carta cuyo título era “Sencillez para los hijos en Ciudad Obregón” en la que alguien (no conozco a quien la envía) conminaba a los padres de familia de los colegios privados de Ciudad Obregón a formar un frente común para “enseñar valores” a sus hijos en casa y no dejarle todo el trabajo a las escuelas ya que están muy preocupados por el alto consumo de alcohol y drogas y por su lenguaje, sus actitudes violentas, irrespetuosas y su irresponsabilidad hacia la casa y la escuela. Pero también se lamentan de su falta de conciencia ecológica y del abuso de los recursos como el agua, la luz, etcétera.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" align="justify"><span id="more-2107"></span></p>
<p style="text-indent: 1.25cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" align="justify">La carta es una especie de “receta” en la que se describen, paso a paso, varios ingredientes para una buena “educación”. Por ejemplo, se les “invita” a los padres de familia a ya no ser tan condescendientes con sus hijos, a no darles todo lo que piden sin exigirles nada, a no tratar como inferiores a sus empleados domésticos o a las personas que les prestan algún servicio, no ir a misa sólo para ver cómo andan vestidos fulano o sutana, no compararles carro sino hasta los 18 y uno “austero”, no de lujo, respetar a sus maestros, pasar más tiempo en familia, tener sólo una tele en casa, etcétera.</p>
<p style="text-indent: 1.25cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" align="justify">Pero, ¿por qué hasta hoy? ¿Por qué no haber detenido esta vorágine de consumismo y deshumanización hace 20 o 25 años?  “Es que antes no había tantas cosas malas en la televisión” dicen. “es que ahora el mentado internet y los celulares y los videojuegos violentos los tienen así” dicen otros. ¿Será? Es muy fácil culpar a la tecnología, a las escuelas, a los amigos y desentendernos de nuestra responsabilidad en la formación de nuestros hijos. Pero, reflexionemos un momento respecto de lo que nosotros somos. Echemos un vistazo a nuestro estilo de vida y hallaremos la verdadera causa de todos los males que aquejan a nuestros jóvenes y niños actualmente.</p>
<p style="text-indent: 1.25cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" align="justify">Dice un refrán bien conocido que se predica con el ejemplo. Basta ver cómo se comportan los “adultos” hoy en día para entender por qué sus hijos son como son. Todos quieren tener sus “juguetes”: sus carros ostentosos (con tele, de ser posible), el último modelo de teléfono móvil, una mega pantalla plana, una laptop con muchos jueguitos y con internet para “chatear”. Sus i-pods, sus blackberries, en fin. Queremos entretenimiento y placer instantáneo todo el día y a cualquier hora. “Para eso trabajamos”, dicen los pseudo adultos, “para darnos gusto y dárselo a nuestros hijos”. Muy bien. Pero, ¿Y qué hay de lo demás? ¿No es el bienestar todo lo que no se adquiere con dinero pero que forma también parte de nuestra felicidad como la amistad, la naturaleza, la paz social, la igualdad, la justicia? Respondamos honestamente a las siguientes preguntas y tal vez allí encontremos la respuesta a nuestra preocupación.</p>
<p style="text-indent: 1.25cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" align="justify">¿Cuál es la primera palabra que usted pronuncia al despertar? ¿Cuántas veces al día maldice por algo o por alguien? ¿Dedica un instante a dar gracias a Dios por la vida, por la salud, por la familia? ¿Cuánto tiempo del día le dedica a su arreglo personal? ¿Cuánto a divertirse o entretenerse? ¿A cuántas personas ayuda desinteresadamente durante el día?  ¿Cuántas veces al día dice las palabras “yo” “mío”, “a mí”? ¿Quién está en sus rezos nocturnos? ¿Cuántas veces al día habla del carro, del trabajo, de deudas, de dinero? ¿Cuándo se detiene un momento a contemplar el amanecer, el atardecer o a escuchar a los pájaros o a admirar las flores, las plantas, los árboles?</p>
<p style="text-indent: 1.25cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" align="justify">¿Cuántas groserías dice diariamente? ¿Ha leído un buen libro últimamente? ¿Ha leído por lo menos un libro en toda su vida? ¿De qué trataba? ¿Le gustó? ¿Le dejó alguna enseñanza? ¿Cuánto sabe acerca de las estrellas del momento? ¿Cuánto tiempo pasa viendo la televisión? ¿Qué tipo de programas? ¿Culturales?, ¿Deportivos?, ¿De entretenimiento?, ¿De chismes?, ¿Películas violentas?, ¿Cine de arte? ¿Le dicen algo los nombres Octavio Paz, Mozart, Emiliano Zapata, Gandhi, Einstein? O le son más familiares éstos; Angelina Jolie, Michael Jackson,  Valentín Elizalde, Galilea Montijo?</p>
<p style="text-indent: 1.25cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" align="justify">Y, por otro lado, ¿Cuánta agua usa usted para bañarse?, ¿Cuánto papel utiliza a diario?, ¿Cuánta comida desperdicia porque ya se “atascó” y la tira a la basura?, ¿Separa usted al basura en orgánica e inorgánica?, ¿Cuántos aparatos eléctricos tiene encendidos simultáneamente? ¿Cuándo camina en vez de usar su carro? ¿Recicla los envases de plástico? ¿Los de aluminio? ¿El papel? ¿Cuántas cosas que no necesita y que no usa en absoluto tiene en su garaje? ¿Cuántos museos o galerías hay en su ciudad? ¿Cuántas bibliotecas públicas? ¿Cuántos lotes de carros, car wash, estéticas y expendios de cerveza?</p>
<p style="text-indent: 1.25cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" align="justify">De las respuestas que hayamos dado a estas preguntas está hecha la realidad que nos circunda. Somos lo que pensamos, pero también lo que hablamos y lo que hacemos. Vivimos en el lugar que merecemos. El que nosotros hemos escogido y hemos diseñado. Mentira que lo malo viene de fuera. Mentira el argumento del “efecto cucaracha” tan esgrimido por los “orgullosamente sonorenses”. Mentira. Lo malo o lo bueno que suceda en un lugar es, en gran medida, responsabilidad de sus habitantes.</p>
<p style="text-indent: 1.25cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" align="justify">En el judaísmo existe un concepto llamado Tikun Olam (  תיקון עןלם) que significa, literalmente, “reparar el mundo”. Este precepto es parte del código moral que rige la vida de los judíos. Se refiere a nuestra responsabilidad y a nuestra participación directa en el daño que hemos causado al mundo, no sólo en términos naturales o ecológicos, sino también al daño que hemos hecho a cualquiera de nuestros semejantes.  Pero, ¿cómo se conecta esta idea con la anterior? Se preguntará el lector. Simple. Lo que somos o dejemos de ser, depende directamente de cómo decidamos vivir nuestras vidas. Y a su vez, esa decisión afectará al mundo en que vivimos y a todo cuanto sucede en él. Si existe el Tikun Olam, es justamente porque, al menos dentro del judaísmo, se tiene plena conciencia de que hemos dañado al mundo y lo seguimos haciendo y que es preciso repararlo en la medida de lo posible y cuanto antes ya que de eso dependerá su supervivencia.</p>
<p style="text-indent: 1.25cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" align="justify">Sonora ha vivido, recientemente, varias experiencias trágicas, tanto en el ámbito social como en el natural. Álamos, hace 2 años; Guaymas y Empalme en septiembre y ahora Cajeme con “Patricia”. El panorama es desolador. Muchas familias en situaciones vulnerables quedaron sin absolutamente nada por no hablar de la destrucción de edificios históricos, patrimonio cultural de la humanidad. Pero también está Hermosillo, con la terrible tragedia de la guardería ABC debido al descuido, al desinterés y a la negligencia de los gobiernos y las autoridades. ¿Quién ha protestado por ello? ¿Cuántas personas apoyaron las marchas solidarias de los familiares de los niños muertos? ¿Cuántas toneladas de ropa, medicina y comida se enviaron de Obregón hacia Guaymas o Álamos? Hubo muy poca respuesta, casi nula, ante ambos acontecimientos.</p>
<p style="text-indent: 1.25cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" align="justify">Estos acontecimientos, más que movernos a echar culpa a los demás, nos debe mover a la reflexión profunda, a la auto crítica y a asumir nuestro papel protagónico en la realidad actual. Nuestros jóvenes y nuestros niños son, nada más y nada menos, el reflejo de nosotros mismos. Para que la imagen que nos devuelva el espejo sea buena y bella, tenemos que comenzar por cambiar drásticamente nuestra actitud hacia la vida, nuestras malas costumbres, nuestra propensión e inclinación hacia lo material y no hacia lo espiritual. La única forma posible de lograrlo es adquiriendo sabiduría, cultivándonos, educándonos para cambiar nuestros gustos y aficiones mundanos por otros más altos, más sublimes. Debemos comenzar a “reparar el mundo”.</p>
<p style="text-indent: 1.25cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" align="justify">
<p style="text-indent: 1.25cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" align="justify">teresa_padron@hotmail.com</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">
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		<title>Los Fracasados</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Oct 2009 06:59:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teresa de Jesús Padrón Benavides</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos de Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[extra]]></category>

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		<description><![CDATA[

“El secreto de la felicidad no está en hacer siempre lo que se quiere,
Si no en amar siempre lo que se hace”
León Tolstoi
Cuando yo era niña, solía creer que para llegar a ser alguien en la vida, había que esforzarse mucho. Los padres nos reprendían duramente cuando fallábamos en algo, pero también nos premiaban, aunque [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><!-- 		@page { margin: 2cm } 		P.sdfootnote { margin-left: 0.5cm; text-indent: -0.5cm; margin-bottom: 0cm; font-size: 10pt } 		P { margin-bottom: 0.21cm } 		A.sdfootnoteanc { font-size: 57% } 	  	 --></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="center">
<p style="margin-bottom: 0cm;" lang="en-GB" align="right"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span lang="en-GB"><a name="sdfootnote1anc" href="#sdfootnote1sym"></a></span></span>“<span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">El secreto de la </span></span><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">felicidad</span></span><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;"> no está en hacer siempre lo que se quiere,<br />
Si no en </span></span><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">amar </span></span><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">siempre </span></span><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">lo que se hace”<br />
León Tolstoi</span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span lang="es-MX">Cuando yo era niña, solía creer que para llegar a ser alguien en la vida, había que esforzarse mucho. Los padres nos reprendían duramente cuando fallábamos en algo, pero también nos premiaban, aunque fuese modestamente, cuando obteníamos buenas notas escolares o algún otro logro. Teníamos bien claro que todo esfuerzo realizado daría sus frutos tarde o temprano. Y así era. </span></span></p>
<p style="text-indent: 1.25cm; margin-bottom: 0cm;" lang="es-MX"><span style="font-family: Arial,sans-serif;">Quienes tuvimos la fortuna de crecer en una época en la que todavía se permitían los castigos y los regaños, es decir, una época en donde no se tenía miedo a disciplinar a los niños con métodos considerados hoy como drásticos, crecimos siendo adultos responsables, con metas más o menos definidas, con propósitos en la vida y, sobre todo, con una visión del éxito muy distinta a la actual. </span></p>
<p style="text-indent: 1.25cm; margin-bottom: 0cm;" lang="es-MX"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span id="more-2057"></span><br />
</span></p>
<p style="text-indent: 1.25cm; margin-bottom: 0cm;"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span lang="es-MX">Para mi generación y las anteriores a la mía, una vida exitosa era aquella que te permitiera hacer cosas que te proporcionaran placer, pero no un tipo de placer efímero, instantáneo y egoísta. No. Un placer compartido, generoso y duradero. Es decir, llegar a construir una casa a nuestro gusto, en donde pudiésemos pasar el resto de nuestra vida plácidamente, rodeado de nuestra familia y de nuestros amigos; viajar a sitios interesantes, conocer gente, tomar cursos de artes, de idiomas, jubilarnos a una buena edad y con una pensión digna que nos permitiera hacer todas esas cosas que siempre quisimos.</span></span></p>
<p style="text-indent: 1.25cm; margin-bottom: 0cm;"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span lang="es-MX">Había en nuestros ideales un sentido de solidez, de permanencia de trascendencia que nos incitaba a esforzarnos por conseguirlos. Teníamos una idea más o menos clara del objetivo, y nos habían preparado para los tropiezos que pudiésemos hallar, delegándonos responsabilidades de acuerdo a nuestra edad y dejándonos aprender de nuestros propios errores. Los límites estaban trazados y no debíamos traspasarlos, so pena de recibir el castigo merecido.</span></span></p>
<p style="text-indent: 1.25cm; margin-bottom: 0cm;"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span lang="es-MX">El método funcionaba. Tanto, que la mayoría de mis contemporáneos y amigos de generaciones anteriores a la mía, son personas maduras (intelectualmente hablando), responsables y comprometidas que han decidido dedicarse a hacer lo que les gusta y han logrado vivir de ello. Gente cuya felicidad consiste principalmente de todos esos placeres que no tienen mucho que ver con los que anuncian en la televisión.</span></span></p>
<p style="text-indent: 1.25cm; margin-bottom: 0cm;" lang="es-MX"><span style="font-family: Arial,sans-serif;">Es decir, su felicidad se cifra en que no son víctimas de este mundo materializado y consumista que obliga a las personas a despojarse de sus ideales y de sus anhelos a cambio de un trabajo esclavizante y efímero con tal de “estar dentro” de la jugada. Es decir, con tal de llevar una vida de comodidades e incluso lujos que nunca podemos disfrutar porque nunca tenemos tiempo y que, además, no nos proporcionan más que un placer momentáneo para después sumergirnos en una profunda depresión que nos hace sentir que somos unos “fracasados”.</span></p>
<p style="text-indent: 1.25cm; margin-bottom: 0cm;"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span lang="es-MX">Esta idea del fracaso social surge a partir de que la sociedad de productores (que aún prevalecía hasta mediados de los años 60) se volvió una sociedad de consumidores. La idea de que el hombre debía ser como un soldado, fuerte y sano, para poder trabajar y que ese trabajo fuera su razón de vivir (idea por demás nefasta), se transformó en la de el hombre cuyo único fin en la vida es la de consumir. Es decir, trabajar como esclavo para alguien más, perder el sentido de pertenencia a una comunidad, volverse individualista y egoísta y comprar y consumir o, literalmente, quedar “fuera” de la jugada.</span></span></p>
<p style="text-indent: 1.25cm; margin-bottom: 0cm;"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span lang="es-MX">Sygmunt Bauman dice en su libro </span></span><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span lang="es-MX"><em>Vida de consumo</em></span></span><sup><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span lang="es-MX"><em><a name="sdfootnote2anc" href="#sdfootnote2sym"><sup>1</sup></a></em></span></span></sup><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span lang="es-MX"><em> </em></span></span><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span lang="es-MX">“La sociedad de consumidores implica un tipo de sociedad que promueve, alienta o refuerza la elección de un estilo de vida consumista,  y que desaprueba toda opción cultural alternativa…una sociedad cuya única elección de vida plausible y aprobada es la de la cultura del consumo…un requisito de pertenencia”.</span></span></p>
<p style="text-indent: 1.25cm; margin-bottom: 0cm;"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span lang="es-MX">Comprar o morir. Consumir y estar a la moda o quedarse “rezagado, estar “fuera”. Tener tal o cual carro, vestir tal o cual marca de ropa, tener tal o cual aparato electrónico, parecieran ser las consignas, los preceptos que rigen nuestra vida. Lo peor es que en este mundo consumista, las principales víctimas o “blancos” de las agencias publicitarias son los niños. Cuando aún ni siquiera saben leer, ya distinguen marcas, logotipos, símbolos de productos y ya se han vuelto adictos a las compras.</span></span></p>
<p style="text-indent: 1.25cm; margin-bottom: 0cm;"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span lang="es-MX">La intolerancia a la frustración por no tener tal o cual cosa, hace que los niños se rebelen contra sus padres, y éstos a su vez, caen víctimas de un sentido de fracaso social por no poder acceder a ese modo de vida “ideal” para nuestros hijos. Pero, ¿es ese realmente el mundo ideal? ¿El poseer cosas  es el mejor de los mundos posibles? ¿Nos hace verdaderamente más felices, más plenos? ¿Por qué entonces estamos siempre de tan mal humor, tan insatisfechos y tan incompletos? ¿Por qué la depresión es la “enfermedad de nuestro tiempo? ¿Por qué buscamos “huir” de la realidad con el alcohol y las drogas, con el juego, con el sexo ocasional, con las películas tontas? ¿Por qué queremos que todo sea “virtual” y nada real….? ¿Por qué, si consumimos tanto, después queremos deshacernos de todo eso con dietas, aparatos y ejercicios que nunca funcionan y sólo nos sumen en una depresión aún más profunda?</span></span></p>
<p style="text-indent: 1.25cm; margin-bottom: 0cm;"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span lang="es-MX">Tendríamos que buscar la respuesta en el planteamiento de algunas de estas preguntas ¿Qué me hace feliz? ¿Me gusta lo que hago? ¿Soy un fracasado por no caer en el juego del consumismo? ¿Amo a las personas y a mí mismo más que a cualquier cosa material? ¿Soy una buena persona? ¿Me aman por lo que soy o por lo que tengo? ¿Vale más tener muchas cosas aunque no se tenga con quien compartirlas a disfrutar pocas,  pero en compañía? Y, sobre todo, ¿Puede cualquier objeto material, por valioso que sea, sustituir el amor y el afecto gratuitos e incondicionales de mi familia y de mis amigos? </span></span></p>
<p style="margin-left: 1.25cm; text-indent: 1.25cm; margin-bottom: 0cm;"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span lang="es-MX">¿Quiénes son los fracasados? ¿Quienes creemos que la vida se halla fuera del ámbito de lo material? ¿Quienes no entramos al juego tramposo del consumismo? ¿No son los fracasados más bien, las infelices víctimas de éste, quienes,  pese a su vertiginosa carrera por estar dentro del juego y por pertenecer, se sienten cada vez más frustrados y más solos en un mundo que no los acepta tal y como son?</span></span></p>
<p style="margin-left: 1.25cm; text-indent: 1.25cm; margin-bottom: 0cm;"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span lang="es-MX">Habría que replantearse la idea de éxito y de fracaso en términos de la felicidad, la alegría, la paz espiritual y el amor. Si no son éstos nuestros valores últimos, entonces tal vez el consumismo nos sirva de acicate temporal a nuestra frustración, pero si sí lo son, no habremos de hallarlos a través de éste, sino dentro de nosotros mismos. Una vida de éxito es aquella en la cual no se necesita tener nada más de lo que se tiene para ser feliz.</span></span></p>
<p style="margin-left: 1.25cm; text-indent: 1.25cm; margin-bottom: 0cm;" lang="es-MX" align="right"><span style="font-family: Arial,sans-serif;">Teresa de Jesús Padrón Benavides</span></p>
<p style="margin-left: 1.25cm; text-indent: 1.25cm; margin-bottom: 0cm;" align="right"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span lang="es-MX">teresa_padron</span></span><span style="font-family: Lucida Sans Unicode,sans-serif;"><span lang="es-MX">@hotmail.com</span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;" lang="es-MX" align="center">
<div id="sdfootnote1">
<p><a name="sdfootnote1sym" href="#sdfootnote1anc">*</a> <span lang="es-MX">El título de este trabajo lo tomo a propósito 	de un artículo de Pablo Latapí  Sarre, “Los triunfadores”, 	publicado en la revista PROCESO, el 18 de Julio del 2001</span></div>
<div id="sdfootnote2">
<p><a name="sdfootnote2sym" href="#sdfootnote2anc">1</a> <span lang="es-MX"> Bauman, Zygmunt, </span><span lang="es-MX"><em>Vida 	de Consumo</em></span><span lang="es-MX">, México, 2007, FCE, p. 78, </span></div>
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		<title>Filosofía y Naturaleza, hacia una ética del medio ambiente</title>
		<link>http://www.cajemecultural.com/2009/08/filosofia-y-naturaleza-hacia-una-etica-del-medio-ambiente/</link>
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		<pubDate>Sat, 29 Aug 2009 22:15:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teresa de Jesús Padrón Benavides</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos de Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[extra]]></category>

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		<description><![CDATA[
Por Teresa Padrón
El fin último de la vida es vivir de acuerdo a la Naturaleza
Zenón
Cuando hablamos de naturaleza, de inmediato sentimos una especie de arrobo, un deseo de contemplación de formas, colores, destellos de luz; un anhelo de escuchar sonidos de agua corriendo por un río, o de trinar de pájaros mientras nosotros, meros espectadores, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><!-- 	 	 --></p>
<p style="text-align: left;">Por Teresa Padrón</p>
<p style="text-align: right;"><em>E</em><em>l fin último de la vida es vivir de acuerdo a la Naturaleza</em></p>
<p style="text-align: right;">Zenón</p>
<p style="text-align: left;">Cuando hablamos de naturaleza, de inmediato sentimos una especie de arrobo, un deseo de contemplación de formas, colores, destellos de luz; un anhelo de escuchar sonidos de agua corriendo por un río, o de trinar de pájaros mientras nosotros, meros espectadores, contemplamos todo desde fuera, como si aquello fuese un ente extraño, algo que &#8220;está ahí&#8221; para nuestro deleite. Todos sabemos que debemos cuidarla, que hay que imitarla, que lo &#8220;natural&#8221; es bueno, que nos hace bien, que es bello y que es lo mejor para <em>nosotros</em>.  Pero, ¿qué es la naturaleza?  Según la definición más aceptada, es el &#8220;conjunto, orden y disposición de todo aquello que compone el universo&#8221;. Si nos  atenemos a esta definición, encontramos que los hombres somos también parte de ese &#8220;conjunto, de ese orden, de esa disposición&#8221; y así, tal vez logremos abordar el concepto desde otra óptica.</p>
<p style="text-align: left;"><span id="more-1899"></span></p>
<p style="text-align: left;">El hombre siempre ha intentado imitar a la naturaleza y si lo ha hecho, es porque le concede un valor auténtico. Es decir, porque la considera como un paradigma, como un ejemplo a seguir en cuanto a que en ella se conjugan todas las virtudes que nosotros quisiéramos tener. Solemos decir que la naturaleza es &#8220;sabia&#8221;, que es &#8220;justa&#8221;, &#8220;bella&#8221;, &#8220;implacable&#8221;,  &#8220;indómita&#8221; pero, ¿no son todos epítetos aplicables más bien a los seres humanos?</p>
<p style="text-align: left;">Desde el Génesis, Dios otorga al hombre &#8220;señorío&#8221; sobre las otras especies, tanto animales como vegetales ya que él fue creado a imagen y semejanza suyas. Es decir, el hombre es &#8220;superior&#8221; al resto de lo seres vivos del mundo animal y vegetal y, por ende, puede disponer de éstos como lo considere benéfico para <em>él.</em> Es esta idea la que ha permeado a la tradición occidental a través de los tiempos y en la cual se fundamenta cualquier justificación esgrimida lo mismo para sacrificar animales para consumo humano utilizando métodos crueles (véanse imágenes de los rastros o las granjas avícolas en Estados Unidos, por ejemplo) que para devastar enormes extensiones de bosques (como en Sumatra, hogar de los orangutanes) con el fin de plantar palma de aceite, fuente del biocombustible más utilizado en la actualidad.</p>
<p style="text-align: left;">Un poco después, en la Grecia clásica, Aristóteles definió al hombre como un &#8220;animal racional&#8221;, haciendo hincapié en que es justamente el uso de la razón lo que nos distingue del resto de los animales y atribuyéndole un &#8220;alma&#8221;. De hecho, la palabra animal viene de<em> ánima</em>=alma. La definición del Diccionario de la Real Academia Española dice: Animal: ser que <em>siente</em>, se mueve y actúa por impulso propio (las cursivas son mías). Los filósofos estoicos, insistían también en que lo que nos distingue del resto de los seres vivos es nuestra capacidad de razonar. Aquí el énfasis en la superioridad del hombre respecto del resto de los seres vivos descansa no en nuestra semejanza con Dios, como plantea la Biblia, sino en nuestra capacidad de raciocinio.</p>
<p style="text-align: left;">Siglos más tarde, en la Edad Media, San Agustín de Hipona y Santo Tomás de Aquino retoman la visión de los filósofos griegos en el sentido de que los únicos seres capaces de someter al resto de la creación somos los hombres, ya que Dios nos ha dotado de una inteligencia superior.</p>
<p style="text-align: left;">La ascética católica medieval, heredera de esta visión, proponía, emulando el pensamiento de los estoicos en cuanto a su ética hacia la naturaleza que, puesto que estamos aquí de &#8220;paso&#8221;, en tránsito hacia el verdadero paraíso, no debemos mostrar apego a las cosas de este mundo y, por tanto, surge una actitud de menosprecio hacia todo lo que nos circunda.</p>
<p style="text-align: left;">Ya en la época del inicio de la filosofía moderna, su más digno representante, René Descartes, afirma que, puesto la capacidad de pensar y de razonar es señal inequívoca de que existe el alma y, que puesto que los animales no posen dichas facultades, son seres inanimados, es decir, sin alma. Descartes va aún más allá negando que los animales puedan de hecho sentir, mucho menos hacer uso de la inteligencia. Por lo tanto, es erróneo suponer que podamos razonar con ellos o compadecerlos. Sin embargo, Descartes no justificaba la crueldad hacia los animales, como tampoco lo hizo Kant.  Pero no lo justifican sólo en la medida en que dicha crueldad pueda trasladarse al terreno de las relaciones con el resto de los seres humanos. Es decir, no debemos fomentar actos de crueldad ya que éstos podrían influir en nuestros sentimientos o nuestros pensamientos y después podrían repercutir en la forma en que tratamos a nuestros &#8220;semejantes&#8221;.</p>
<p style="text-align: left;">Sin embargo, pasa algo distinto con Oriente. La tradición Oriental en especial el hinduismo, ponen mucho énfasis en el respeto hacia la naturaleza no por que ello implique un beneficio o una utilidad para nosotros, sino porque los seres vivos son una extensión de Brahaman, o Dios y porque consideran al universo como un &#8220;todo&#8221; indisoluble. Además, su creencia en la reencarnación en forma de cualquier criatura, los previene de inflingirles dolor o crueldad.</p>
<p style="text-align: left;">Pero no sólo la tradición oriental hace justicia al hecho de preservar la naturaleza. Si bien es cierto que el Antiguo Testamento proclama la superioridad del hombre respecto del resto de la creación, también la pone en tela de juicio cuando, en el libro de Job, Yahvé le responde a éste cuando le pregunta por qué le inflinge tanto dolor: &#8220;Dios hace que llueva en la tierra donde no hay ningún hombre, en el desierto donde no hay ningún hombre, para satisfacer a los terrenos baldíos y desolados y para hacer brotar la hierba tierna.&#8221;<sup><a name="sdfootnote1anc" href="#sdfootnote1sym"><sup>1</sup></a></sup></p>
<p style="text-align: left;">Tal vez sea el judaísmo, a través de su tradición rabínica, primero y cabalística más tarde, la única doctrina que incluye un concepto de respeto hacia la naturaleza como algo valioso en sí mismo y no por el valor o la utilidad que represente para nosotros, los humanos. La frase hebrea <em>Tikkun Olan, </em>significa &#8220;reparar el mundo&#8221; o &#8220;sanar el mundo&#8221;, y se refiere no sólo a sanar nuestras relaciones con otras personas para evadir el caos, la guerra o la discordia, sino a reparar el daño causado a la naturaleza por nuestra culpa. Porque si bien Yahvé nos dio señorío sobre ella, fue justamente para protegerla, ya que el resto de sus criaturas dependen de nosotros, puesto que ellas no fueron creadas a su imagen y semejanza.</p>
<p style="text-align: left;">Ya en la época moderna, la visión antropocéntrica de la naturaleza se acentuó, puesto que la ciencia y la técnica contribuyeron a tal efecto. Filósofos como Marx y antes de él, Hegel afirmaban que había que había que &#8220;humanizar&#8221; a la naturaleza, domesticarla, hacerla &#8220;útil&#8221;. Afirmaban que la naturaleza sin el hombre no tenía ningún valor, puesto que había que convertirla en herramienta para lograr nuestros propósitos de desarrollo. ¿Y cómo sino a través de la ciencia y la técnica es que se puede transformar la naturaleza?</p>
<p style="text-align: left;">De esta última afirmación, aunada a la interpretación errónea que hemos hecho del señorío bíblico antes mencionado y al menosprecio medieval hacia las cosas &#8220;de este mundo&#8221;, se desprende tal vez, nuestra idea de la naturaleza.</p>
<p style="text-align: left;">Dado que nuestra relación con la naturaleza es, por decirlo de algún modo, indirecta, puesto que la hemos transformado en cosas &#8220;útiles&#8221; a través de la ciencia y la tecnología, no le concedemos un valor intrínseco.</p>
<p style="text-align: left;">Somos seres humanos y, como tales, es la dimensión humana la que delimita nuestra concepción del mundo en el que vivimos. Nuestros principios morales, nuestros valores, nuestra ética, están irremediablemente inmersos en esta dimensión. Y aquí, por supuesto, entra nuestra &#8220;ética ecológica&#8221;, por utilizar un término en boga.</p>
<p style="text-align: left;">Ecología, según la definición más socorrida, es la ciencia que estudia la relación de los seres vivos entre sí y con su entorno, Últimamente, sin embargo, su acepción es la de la defensa y protección el medio ambiente. La palabra &#8216;ecología&#8217; se comenzó a emplear apenas hace un par de décadas. Antes, a los niños se les hacía plantar árboles en los jardines de sus escuelas una vez por año para mostrarles el valor de cuidar la naturaleza ya que ésta nos proporcionaba lo necesario para vivir. Igualmente se nos decía (por lo menos a algunos de nosotros) que no maltratásemos a los perros ya que ellos cuidaban la casa y ahuyentaban a los ladrones y el argumento era que a nosotros no nos gustaría ser tratados igual. De todos modos, no teníamos lo que se dice una verdadera conciencia ecológica, sino más bien cierta noción respecto del valor de cuidar respetar plantas y animales por lo que éstos, a su vez, tenían de valioso para nosotros.</p>
<p style="text-align: left;">Sea como fuere, el hecho es que la naturaleza nos sigue resultando algo &#8220;extraño&#8221;, algo fuera de nosotros y hemos querido adaptarla, darle forma, de manera que nos resulte más familiar.  Y qué mejor forma de hacerla asequible, que transformándola para nuestro propio bienestar y convirtiéndola en algo más &#8220;práctico&#8221;, menos etéreo, menos metafísico.</p>
<p style="text-align: left;">Sin embargo, en su afán por transformar la naturaleza en algo útil, el hombre ha llegado a grados de devastación y de extinción insospechados. En nuestro afán de modernización y desarrollo,  hemos inflingido tanto daño a los ecosistemas, a la biósfera y al planeta en general, cobijados bajo el manto de la superioridad animal, de la filosofía utilitarista, y de la cosmología griega y la teología cristiana.</p>
<p style="text-align: left;">John Passmore, el filósofo ambientalista australiano, en su famoso libro de 1974 <em>Men&#8217;s Responsibility to Nature</em>, dice que es urgente que cambiemos nuestra actitud hacia el medio ambiente y que debemos tomar conciencia del daño a la biósfera, asumir nuestra responsabilidad y tomar medidas urgentes para detenerlo. Sin embargo, es considerado un asiduo defensor de la visión antropocéntrica en el sentido que afirma que sólo el hombre es capaz de cuestionarse los problemas que afectan a la naturaleza y  actuar en consecuencia.</p>
<p style="text-align: left;">Yo concuerdo con él. Y retomando la introducción a este trabajo, me gustaría concluirlo diciendo que, si bien es cierto que el hombre es un &#8220;depredador&#8221; natural, también  lo es que sólo él, a diferencia del resto de los animales, posee una &#8220;conciencia&#8221; respecto de los daños por él ocasionados a la naturaleza. Sólo el hombre es capaz de plantearse cuál es su papel dentro de ella y sólo él puede asumir una postura ética frente a ella. Sólo él es capaz de llegar a asumir a la naturaleza como algo independiente de nosotros, algo que sigue su propio curso y obedece a sus propias leyes.</p>
<p style="text-align: left;">Además, es el hombre y sólo él quien puede contemplar los colores del ocaso y sentir fascinación ante el espectáculo. Sólo él puede disfrutar la frescura de la sombra de un árbol en verano y manifestarlo. Sólo el puede experimentar placer y expresarlo al sentir la brisa del mar en su rostro. Sólo él puede intentar reproducir a través del arte toda esa belleza para hacerla un poco más &#8220;humana&#8221;, y menos &#8220;etérea&#8221;.  Sólo él  es capaz de admirar la naturaleza en toda su magnificencia y conmoverse al punto del llanto y eso, es lo más parecido a una experiencia mística y las experiencias así, sólo son posibles en los hombres.</p>
<p style="text-align: left;">
<p style="text-align: left;">Teresa de Jesús Padrón Benavides</p>
<p style="text-align: left;">
<p style="text-align: left;">Bibliografía:</p>
<p style="text-align: left;">Margarita M. Valdés, (compiladora), <em>Naturaleza y Valor</em>, <em>una aproximación a la ética ambiental</em>, México, FCE, UNAM, 2004.</p>
<p style="text-align: left;">Alejandro Herrera Ibáñez, &#8220;ética y ecología&#8221;, en Luis Villoro, (coordinador), <em>Los linderos de la ética</em>, México, UNAM, Siglo XXI editores, 2000.</p>
<p style="text-align: left;">John Passmore, <em>Man&#8217;s Reponsibility to Nature</em>, Londres, Cambridge University Press, 1974.</p>
<p style="text-align: left;"><a name="sdfootnote1sym" href="#sdfootnote1anc">1</a> Job, cap. 38, primer discurso de Yahvé, Biblia 	de Jerusalén, Ed. Porrúa, colección, &#8220;sepan cuantos&#8230;&#8221;, 	México, pp. 900-901.</p>
<p style="text-align: left;">
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		<title>Ante el dolor de los demás</title>
		<link>http://www.cajemecultural.com/2009/07/ante-el-dolor-de-los-demas/</link>
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		<pubDate>Mon, 13 Jul 2009 20:05:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teresa de Jesús Padrón Benavides</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos de Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[extra]]></category>

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		<description><![CDATA[Por Teresa Padrón
Los hijos son la bendición de los padres. Un matrimonio sin hijos podrá ser feliz, pero no plenamente. Podrán complementarse, acompañarse y brindarse apoyo y afecto mutuos, pero no podrán conocer la que tal vez sea la forma de amor más pura, más genuina, más incondicional, la de amar a los hijos. Por [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por Teresa Padrón</p>
<p>Los hijos son la bendición de los padres. Un matrimonio sin hijos podrá ser feliz, pero no plenamente. Podrán complementarse, acompañarse y brindarse apoyo y afecto mutuos, pero no podrán conocer la que tal vez sea la forma de amor más pura, más genuina, más incondicional, la de amar a los hijos. Por ellos nos levantamos todos los días de nuestra cama, aún si ya no tenemos mucha fe en el mundo; por ellos seguimos creyendo que Dios no nos ha abandonado; por ellos, por su bienestar y su felicidad, sacrificamos incluso nuestras aficiones y nuestros gustos más arraigados, a cambio de verles plenos y alegres, porque su alegría es también la nuestra y su dolor y su sufrimiento, son de nosotros.</p>
<p><span id="more-1674"></span></p>
<p align="right">Cuando tu madre viene hacia la puerta,</p>
<p align="right">Y giro la cabeza, para observarla,</p>
<p align="right">Mi mirada no cae primero hacia su rostro,</p>
<p align="right">Sino sobre el lugar, cerca del umbral,</p>
<p align="right">Donde tu pequeña carita solía estar,</p>
<p align="right">Cuando tú, radiante de alegría</p>
<p align="right">Entrabas también, tan normal, mi hijita.</p>
<p align="right">Friedrick Rückert, <em>Kindertottenlieder</em></p>
<p align="right"><em><br />
</em></p>
<p>Cuando muere un hijo o una hija, los padres simplemente dejan de ser personas completas. Se vuelven como árboles talados, con apenas unas pocas y endebles ramas que ya no dan sombra ni albergan pájaros. Su mirada cambia. Parece reflejar todas las tristezas del mundo e incluso si sonríen, sus ojos están siempre a punto del llanto. Sienten que serán incapaces de seguir adelante pues la vida es inútil y carente de sentido después de la pérdida de sus hijos. La muerte les ha tocado a destiempo. Ellos debían adelantárseles a sus hijos y no al revés.</p>
<p>Todas las cosas evocan el recuerdo de ellos, de los hijos que ya no están. Los objetos que eran suyos adquieren un sentido especial, uno que tal vez no les habríamos otorgado antes. Todo adquiere un halo sombrío. La luz se vuelve opaca, incluso en días luminosos. Ya no hay pláticas de sobremesa durante la comida. Hay que evitarlas y reducir el tamaño del comedor para que no sobren sillas.  Las familias se han vuelto mutiladas, desmembradas, incompletas.</p>
<p>Los años por venir se vuelven como un compás de espera hacia el reencuentro con ellos. La vida aquí y ahora se vuelve un paso de tránsito hacia algo pleno, perpetuo.  En esa esperanza se cifra nuestros casi nulos afanes por permanecer vivos. La inercia de los días contiene sólo unos mínimos destellos de alegría gracias a esa esperanza y al recuerdo, que permanece vivo pues se nutre día a día de nuestro dolor.</p>
<p>Y tal vez el dolor sea aún mayor cuando los hijos mueren siendo todavía pequeños y en circunstancias trágicas. Los padres parecen haber perdido no sólo una parte de sí mismos, sino también la cordura, la razón. Su dolor es tan grande que no pueden sentir nada más que eso, dolor.</p>
<p>Esta vez el dolor ha trastocado la cotidianidad de nuestra vida de forma directa. La tragedia de la guardería ABC en Hermosillo parece habernos hecho replantear nuestra forma no sólo de pensar sino de actuar, de vivir. Nuestra cultura, nuestros valores, nuestros hábitos se han topado frente a un espejo terrible, nefando: el espejo que no miente, que nos devuelve una imagen cruda y descarnada de quienes somos en realidad. Y lo que vemos no nos gusta.</p>
<p>El terrible acontecimiento que nos ha tocado vivir, da fe de nuestra negligencia, de nuestra ignorancia, de nuestro descuido y de nuestra mediocridad, nuestro conformismo y de nuestra irresponsabilidad a la hora de tomar decisiones importantes   (Y ¿qué  puede ser más importante que la vida de nuestros hijos?) pero sobre todo de nuestra complicidad y coparticipación con toda esta red de corrupción en la que está inmersa la vida de nuestro país en todos los ámbitos. Nosotros, los ciudadanos comunes y corrientes, los que a diario somos víctimas de algún tipo de atropello, de algún abuso por parte de la autoridad, de alguna injusticia por parte de algún funcionario público o, simplemente de nuestros jefes o superiores, somos culpables, tanto como nuestros gobernantes, de que estas cosas sucedan.</p>
<p>Hemos dado una licencia de impunidad y de inmunidad a todas las instancias involucradas en procurar nuestro bienestar, nuestra integridad física y la de nuestros hijos. Cuando permitimos, a cambio de pagar menos, acceder a bienes y servicios de dudosa procedencia; cuando no hacemos fila en los trámites engorrosos pero necesarios, porque conocemos a &#8220;alguien&#8221; que trabaja allí; cuando nos estacionamos en lugares reservados a los minusválidos; cuando damos &#8220;mordida&#8221; a cambio de que no nos multen, aunque sabemos que no debemos estacionarnos en doble fila; cuando chantajeamos al conserje de la escuela para que deje entrar a nuestros niños que llegaron tarde (y, lo peor, ¡delante de los niños!). Estamos dándole una licencia al crimen, le damos permiso a la corrupción de permear nuestra cultura, nuestra forma de vivir y de pensar.</p>
<p>Es lamentable y muy, muy triste que tengan que ocurrir tragedias como la de Hermosillo  para &#8220;enseñarnos&#8221; que todo está mal. ¿Por qué debemos esperar hasta que algo como esto suceda para &#8220;aprender&#8221; la lección? Los niños muertos en circunstancias tan terribles habrán de recordarnos, todos los días de nuestra vida, que murieron por nuestra culpa. Sí, por la de usted y la mía y la de todos los mexicanos que con nuestra actitud y nuestra forma de hacer las cosas, permitimos que impere la impunidad, la ilegalidad y la injusticia en nuestro ¿querido? México.</p>
<p>Ahora, a un mes de la tragedia, después de las acusaciones, los insultos, el deslinde de &#8220;responsabilidades&#8221;, las marchas y manifestaciones de indignación, lo único que podemos hacer todos, si es que aún nos queda un poco de decencia, es guardar un profundo y respetuoso silencio por el dolor de las familias de los niños y, si acaso somos capaces, intentar ser honestos, aceptar nuestra parte de responsabilidad e intentar cambiar nuestra actitud hacia la vida y reconciliarnos con ella, celebrándola, todos los días, sacando fuerza del dolor y no permitiendo que algo así vuelva a suceder jamás. Ese será el más humilde y sincero homenaje que podamos rendir a nuestros niños. La única forma posible de recordarlos como lo que fueron, la alegría de nuestras vidas, nuestra bendición.</p>
<p align="right">Teresa de Jesús Padrón Benavides</p>
<p align="right">Verano, 2009</p>
<hr size="1" /><a name="_ftn1" href="#_ftnref1">[*]</a> Tomo prestado a Susan Sontag el título para este escrito de su libro del mismo nombre y lo dedico a mi madre, a mi hermana Lily, a mis primos Gerardo y Marilú y a los padres y madres de los niños fallecidos en la guardería ABC de Hermosillo, Los acompaño en su dolor.</p>
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		<title>¡Llore, por favor!</title>
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		<pubDate>Fri, 26 Jun 2009 06:13:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teresa de Jesús Padrón Benavides</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[
Teresa de Jesús Padrón Benavides
La vida, ineluctablemente, va ligada con la muerte. Sin embargo, y a pesar de ser concientes de ello, tendemos a ensalzar una y a repudiar la otra. Procuramos todo aquello que nos reafirme día a día que estamos &#8220;vivos&#8221; y evitamos, a toda costa, cualquier cosa que nos insinúe, incluso sutilmente, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><!-- 	 	 --></p>
<p style="text-align: left;">Teresa de Jesús Padrón Benavides</p>
<p style="text-align: left;">La vida, ineluctablemente, va ligada con la muerte. Sin embargo, y a pesar de ser concientes de ello, tendemos a ensalzar una y a repudiar la otra. Procuramos todo aquello que nos reafirme día a día que estamos &#8220;vivos&#8221; y evitamos, a toda costa, cualquier cosa que nos insinúe, incluso sutilmente, la idea de la muerte; en especial la de nuestra propia muerte. Y con la muerte, ese &#8220;temor primigenio&#8221;, vienen sus inevitables acompañantes: los diversos miedos, el dolor, la tristeza y las enfermedades. A todos éstos también procuramos sacarles la vuelta, cómo no. Pero, así como se considera patológico deleitarse con la muerte, la sangre y el dolor, propios o ajenos, ¿no resulta siquiera un poquito sospechosa la tendencia actual, cada vez más acentuada, de rechazar a cualquier costo el dolor o de vivir de plano como si éste no existiera?</p>
<p style="text-align: right;"><span id="more-1582"></span></p>
<p style="text-align: right;"><em>Yo quiero ser, llorando, el hortelano,<br />
de la tierra que ocupas y estercolas,<br />
compañero del alma, tan temprano&#8230;<br />
Miguel Hernández</em></p>
<p align="justify">En la Grecia clásica existió un género literario muy popular llamado<em> tragedia</em>. El significado de la palabra, según el diccionario, es &#8220;obra dramática&#8221;, de asunto &#8220;serio&#8221;, capaz de infundir &#8220;lástima&#8221; y &#8220;terror&#8221; y en donde intervienen personajes &#8220;heroicos&#8221; e &#8220;ilustres&#8221;. Si la obra era buena, los espectadores de aquella época lejana pasaban por un proceso que Aristóteles definió como <em>catarsis</em>, esto es, una suerte de gozo, de profunda alegría íntima, que nace de experimentar toda la escala de afectos tras presenciar algo espantoso y conmovedor, generalmente la historia del aniquilamiento y rehabilitación moral de un héroe. Se trataba de un verdadero &#8220;aprendizaje a través del sufrimiento&#8221; al que se exponían las masas voluntariamente en grandes festivales populares y religiosos. Desde entonces hasta nuestros días ha persistido una vena trágica en muchas manifestaciones artísticas, aunque curiosamente esa vena ha tendido ha estrecharse cada vez más en estos tiempos posmodernos. Con la asimilación (¿o confusión?) del arte y el entretenimiento buscamos más un arte feliz, lúdico y sin mayores infortunios y evitamos, en la medida de lo posible, los aspectos trágicos u oscuros de la vida. Si algo puede parecernos hoy día aquel noble arte de Esquilo, Sófocles o Eurípides es que se trata de algo demasiado &#8220;azotado&#8221;, y ¿para qué azotarse si la podemos pasar suave con otros espectáculos, a gusto y sin emplearnos a fondo emocionalmente?</p>
<p align="justify">La sociedad actual, con su tendencia al consumismo y al placer inmediato, parece querer sortear a toda costa cualquier asunto en el que estén involucrados nuestros miedos,  pasiones, temores o complejos en aras de una vida sin sobresaltos. Una vida en la que uno no tenga que enfrentarse nunca a lo serio, lo adusto, lo grave, porque, además, seríamos incapaces de comprenderlo. ¿Por qué? Porque es de &#8220;mal gusto&#8221; mostrar incluso el menor atisbo de que somos vulnerables, capaces de sufrir, de llorar. Es un signo de debilidad y, en un mundo en donde se le rinde culto al más fuerte, al más poderoso (entendiéndose por esto a quien es tiene lo &#8220;necesario&#8221; para no sufrir), es muy mal visto desnudar el alma y mostrar los sentimientos. Además, en nuestra cultura machista lo de llorar se deja preferentemente a las mujeres e incluso conmoverse con el arte se consideran recaídas sentimentales vedadas a muchos varones. Hay hasta quienes piensan que  presenciar la tragedia humana y afligirse con ella, sirve sólo para &#8220;desequilibrarnos&#8221; emocionalmente y no aporta nada positivo a nuestro &#8220;bienestar&#8221; social. ¿Ver más películas sobre el Holocausto? ¿Escuchar música seria apachurrado en un sillón? ¿Otro documental sobre el hambre en África? ¿Ir a una obra de teatro que me haga sentir mal y encima tener que pagar por ello? Pero si uno lo que quiere es alejarse de los problemas y pasar un buen rato&#8230;</p>
<p align="justify">La mercadotecnia pretende, utilizando a sus dos aliados más fieles, la televisión y la red, vendernos la idea de que somos dueños, amos y señores de nuestro destino si poseemos ciertas cosas ya que poseerlas nos hará inmunes a cualquier &#8220;percance&#8221;. Los libros más vendidos en nuestro país de escasísimos lectores son los así llamados de &#8220;auto ayuda&#8221;: <em>Sonría y triunfe en la vida, Pare de sufrir, Éxito inmediato en sus relaciones personales, Compre y sea feliz</em>. El slogan o la consigna actual pareciera ser: &#8220;No importa qué tan mal te salgan las cosas, ¡sonríe, por favor!&#8221; como si haciéndolo, pudiésemos exorcizar el sufrimiento, la frustración o el dolor. Sin embargo, cada vez con más frecuencia asistimos al drama de los suicidios, fratricidios, parricidios, feminicidios y tantos otros &#8220;idios&#8221; de los cuales nos &#8220;informan&#8221; los medios masivos (esos mismos que nos tranquilizan y nos &#8220;entretienen&#8221; con cosas más agradables). Entonces, ¿de qué se trata? ¿De ser felices o de aparentar serlo? ¿No sería mejor, ingerir pequeñas dosis de sufrimiento de vez en cuándo y así, ir liberando poco a poco esa frustración y ese miedo contenidos por tanto tiempo para que éstos no desencadenen en una tragedia aún mayor? En ese sentido, y como dijera Enrique Serna, &#8220;La tragedia es una confrontación con la muerte, y en una sociedad que pretende ignorarla, eludir esa confrontación se ha convertido en un principio de higiene mental.&#8221;<sup><a name="sdfootnote1anc" href="#sdfootnote1sym"><sup>1</sup></a></sup></p>
<p align="justify">Además, ¿qué podemos hacer al respecto, si eso ocurrió en Europa hace más de medio siglo? ¿Qué puedo hacer yo, simple mortal, para mitigar siquiera un poco el sufrimiento de los niños con sida en África si estoy tan lejos de ellos? Sin embargo, tengo más de 300 canales de televisión que me conectan instantáneamente con el resto del mundo y puedo &#8220;navegar&#8221; a gran velocidad por la red incluso hasta el más remoto lugar de la tierra&#8230; Es decir, para procurarnos placer, no existen los límites físicos ni geográficos, en cambio, si de ayudar al otro se trata&#8230;</p>
<p align="justify">Hay dos tipos de dolor, el que podemos mitigar o contribuir a mitigar en nosotros y nuestros semejantes, y el que es inevitable. Ambos forman por derecho propio parte de lo que significa vivir tanto como la alegría, el éxito, los logros. Ambos forman parte de una vida <em>plena</em>. Pues tendemos a equiparar el dolor con el fracaso y el éxito con la comodidad. Pero una vida de perpetua felicidad, de continua alegría y risas todo el día es, en el mejor de los casos, un estado ininteligible para nosotros mortales, acaso viable en el otro mundo, y, en el peor de los casos, un estado patológico que más bien nos mueve a lástima que a envidia.</p>
<p align="justify">Esta tendencia generalizada al goce y al placer, y a la negación del dolor, lo único que ha traído consigo es una insensibilidad y una enorme falta de respeto por los valores esenciales de la humanidad: la amistad, la solidaridad, el afecto, la conmiseración. ¿Tendrá que ver esto también con nuestro desapego a lo trágico, con una falta de catarsis? Ahora bien, no se trata de empeñarnos en amargarnos la vida, de llevar luto permanente por todas las tragedias y fracasos de la humanidad, sino simplemente de tratar de vivir de acuerdo con una imagen menos distorsionada de la existencia, una en la que nos sepamos como somos: finitos, vulnerables, capaces de grandes alegrías y también de grandes penas. Digo esto con un profundo respeto por los que más sufren. ¡Qué mejor que todos suframos menos! Y son, por cierto, de nuevo los medios quienes subestiman el dolor ajeno al presentarlo como materia de entretenimiento con su buena dosis de morbo y cuando trivializan la muerte y la violencia  a través de películas, programas de televisión y videojuegos.</p>
<p align="justify">Si insistimos en ver las cosas con un sesgo positivo a como dé lugar, hay algo &#8220;bueno&#8221; en nuestras eventuales caídas en la desgracia si pensamos que nos pueden ayudar a apreciar lo que de bueno tienen la salud, la felicidad, la unión familiar, etc. ¿No decimos acaso que hasta que no enfermamos nos damos cuenta de las bondades de la salud? ¿Que hasta que no irrumpe la discordia, la paz y la estabilidad dejan de ser situaciones aburridas y que damos por sentado? Y los médicos nos hablan de los beneficios terapéuticos del llanto, tan tonificante y saludable como unas buenas carcajadas. También se dice que no hay dolor tan grande que haber sido feliz alguna vez. Así que ojalá nuestra sociedad, tan empeñada en prepararnos para el éxito, también se preocupara un poco en educarnos para el fracaso y el dolor, pues de esto último seguro nos toca aunque sea un poco a todos, mientras que de lo primero&#8230; Querría terminar esta nota con una reflexión a de mi propia experiencia con el dolor. Yo, al igual que usted, he experimentado situaciones de profunda pena, como la pérdida de mi hermanita menor. Y han sido justamente estas tragedias las que me han hecho apreciar plenamente y celebrar el milagro de la vida. Pero ¿significará esto que el dolor y sufrimientos reales de nuestros semejantes sirven para enseñarnos algo sobre nuestra propia vida? ¿Que debemos estarles agradecidos a los muertos por sus servicios pedagógicos? ¿No deberíamos más bien guardar silencio con profundo respeto y estimar todas las muertes como simplemente absurdas? Paradojas de la vida&#8230;</p>
<p align="right">Teresa de Jesús Padrón Benavides</p>
<p align="right">e-mail: teresa_padron@hotmail.com</p>
<p><a name="sdfootnote1sym" href="#sdfootnote1anc">1</a> Enrique Serna, &#8220;Contra la higiene mental&#8221;, <em>Letras</em> <em>Libres</em>, 	año 1, núm. 12, diciembre de 1999, México. De este artículo tomo 	el nombre del presente escrito.</p>
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		<title>Matisyahu, el joven &#8220;rasta&#8221; cantor de Dios</title>
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		<pubDate>Wed, 27 May 2009 22:11:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teresa de Jesús Padrón Benavides</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[

Rise, to the occassion.
Keep these hearts all blazin.
Build your life on a river of wax.
Melt into space, we&#8217;ve been here since the beginning, not going away.
Not going away&#8230;..
Matisyahu
Cuando pensamos en los judíos ortodoxos (los que guardan al pie de la letra los preceptos de la Torah), nos los imaginamos como seres adustos, aburridos, anticuados. Vistiendo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><!-- 	 	 --></p>
<p><!-- 	 	 --></p>
<p style="text-align: left;"><em>Rise, to the occassion.<br />
Keep these hearts all blazin.<br />
Build your life on a river of wax.<br />
Melt into space, we&#8217;ve been here since the beginning, not going away.<br />
Not going away&#8230;..</em></p>
<p style="text-align: left;"><em>Matisyahu</em></p>
<p>Cuando pensamos en los judíos ortodoxos (los que guardan al pie de la letra los preceptos de la Torah), nos los imaginamos como seres adustos, aburridos, anticuados. Vistiendo sus gabardinas negras, sus sombreros de pana, sus caireles y sus largas barbas. Parecen seres de otro tiempo para quienes la modernidad y los vaivenes de la moda han pasado de largo. Ahora, imaginemos a alguien ataviado con ese tipo de ropa pero cantando y bailando Reggae&#8230; ¿será&#8230;?<span id="more-1316"></span></p>
<p>Para romper con todos los estereotipos y los motes que durante siglos se les han adjudicado a los judíos (y que han sido la causa de su diáspora por todo el mundo y del exterminio nazi), surge un ser excepcional, alguien que viene a &#8220;revivir&#8221; entre el pueblo judío y especialmente entre los jóvenes, la fe en Dios y en la humanidad. Alguien que vienen a darle un aire fresco a una tradición antiquísima. Alguien que ha hecho de la Biblia y de su estudio su fuente de inspiración para cantar a Dios con toda la alegría, el entusiasmo y el éxtasis propio de los jóvenes: Matisyahu.</p>
<p>Matisyahu es un joven cantante neoyorquino judío ortodoxo que, curiosamente, escogió como forma de expresión al Reggae. Es la viva prueba no sólo de la originalidad, sino de la mezcla de culturas propia de la globalización. Pero, ante todo, Matisyahu es un mensajero que, al mezclar los versos de la Biblia con el ritmo lento, pausado y repetitivo y la deliciosa cadencia del Reggae, nos hace concientes de que el sentimiento religioso es el mismo para todas las razas humanas y que a Dios hay que alabarlo con toda el alma, la mente y el cuerpo. Porque cuando uno lo escucha, no puede evitar ponerse a bailar y entrar en un estado de éxtasis y júbilo religiosos.</p>
<p>Y bien visto, hay muchas conexiones entre el mensaje bíblico de amor, paz, tolerancia, respeto y hermandad de Matisyahu y la música reggae. El reggae nace a fines de los sesenta en Jamaica, un país sumido en la miseria, la desigualdad y la marginalidad y con un pasado colonial y esclavista bastante oscuro. Surge como una música de protesta social y política, de exigencia por la igualdad, de paz y amor y de redención. Es la música que promueve en Jamaica el rastafarianismo, movimiento religioso surgido en Etiopía a mediados del siglo pasado y que proclama a su fundador, Haile Selassie, como una reencarnación de Cristo, y a África como la nueva Sión. Bob Marley es su más digno representante.</p>
<p>Algo semejante a lo que creen los judíos religiosos. Ellos consideran a Israel como la tierra prometida y esperan la llegada del Mesías para restablecer su reino en la tierra; por eso es que observan la Ley celosamente. Pero el hecho de concebirse a sí mismos como un pueblo elegido por Dios para preservar sus mandatos no los convierte en personas jactanciosas, soberbias o pretenciosas. Por el contrario, el judaísmo religioso es tal vez la única religión que no promueve la evangelización. Los judíos no intentan (como el cristianismo o el Islam, por ejemplo) convertir a nadie que no quiera.</p>
<p>Convertirse al judaísmo no sólo es un rito simbólico (como el bautizo). No. Convertirse es aceptar a Dios y a sus mandatos como la única vía posible para acercarse a Él. Y acercarse a Él es tratar de agradarle con nuestras obras aquí en la tierra, no sólo con la esperanza de la salvación y del paraíso prometido, sino con la firme convicción de que debemos ser buenos aquí, en este mundo, porque es el mundo creado por Él y es nuestra consigna cuidarlo y protegerlo. Aquí hay que estudiar concienzudamente (lo que implica horas de sacrificio dentro de casa o de la yeshiva, estudiando la Biblia guiados por un rabí o maestro); hay que hacer cambios radicales en nuestra vida para poder demostrarle a Dios y sólo a Él que le amamos y que amamos su creación. Hay que llevar una vida ejemplar en todos los sentidos y, sobre todo, tolerar y respetar las creencias de los demás (no hacer proselitismo a favor del judaísmo, como sí se hace en otras religiones incluso orando para que Dios conceda más miembros a su grey).</p>
<p>Las letras de Matisyahu hacen todas alusión a la Biblia, pero no a través de metáforas complicadas, sino de palabras sencillas (no vulgares, por supuesto) que permiten que los jóvenes (y todos) podamos acceder a sus canciones y entonarlas y corearlas mientras las bailamos. Aunque hay que decir que es difícil aprenderse algunas de sus canciones, no sólo porque canta el reggae como &#8220;rapeando&#8221;, sino porque le imprime el acento y la pronunciación jamaiquina.</p>
<p>En este punto quisiera detenerme a una consideración acerca del lenguaje. Los jóvenes en la actualidad (pero no sólo, también los niños y los adultos), no hablan sino con malas palabras. Maldicen todo el día y su vocabulario se reduce a 10 palabras (todas groserías) y con ellas se refieren a todo lo que les rodea y lo que les acontece.  Es muy triste y yo lo vivo a diario, porque soy maestra universitaria. La vida se empobrece y también nuestros sentimientos, puesto que los reprimimos al no tener las palabras adecuadas para expresarlos.</p>
<p>Matisyahu honra el lenguaje con sus canciones, porque entre los judíos la palabra es sagrada, puesto que fue dada por Dios, que les habló a los profetas. Dios es verbo, la Biblia es &#8220;La palabra&#8221; (con mayúscula). En el judaísmo no hay lugar para la maldición, para el insulto, los vituperios. Todo lo contrario. Las palabras se usan para alabar a Yahvé y a toda su creación. Una de sus canciones más conocidas &#8220;King without a Crown&#8221; (rey sin corona), dice e uno de sus versos:</p>
<p>&#8220;¿Qué sentimiento es éste?</p>
<p>¡Mi amor hará un agujero en el techo!</p>
<p>Canto a mi Dios canciones de amor y sanación</p>
<p>Quiero al Mesías ¡ahora!</p>
<p>Es hora de que se nos revele.</p>
<p>Escuchar alabanzas a Dios en boca de un joven de 27 años, a ritmo de reggae, vestido con filacterias, bucles y sombrero, no puede sino contagiarnos de alegría de vivir, de euforia y de entusiasmo. Porque bien dice en la Biblia: &#8220;Acuérdate de tu creador en los días de tu juventud, para que te complazcas en Él en tu vejez.&#8221;</p>
<p>Matisyahu es la encarnación de todo lo bueno que tiene la juventud. Su rap-reggae no es el típico rap que incita a la violencia, como el de muchas bandas (Cártel de Santa es un buen ejemplo de esto último). No. Matisyahu los incita sí, pero a alzar su voz y a levantar el puño en contra de toda la basura, las mentiras, los prejuicios,  el descuido y el odio al que han estado expuestos durante tanto tiempo por parte de una sociedad cada vez más materializada y menos espiritual. Matisyahu dice en su canción &#8220;Youth&#8221; (juventud) a ritmod de heavy metal mezclado con rap y reggae:</p>
<p><em>Young man control in your hand<br />
Slam your fist on the table<br />
And make your demand<br />
Take a stand<br />
Fan a fire for the flame of the youth<br />
Got the freedom to choose<br />
You better make the right move </em></p>
<p>&#8220;Joven, controla tu cabeza</p>
<p>Golpea con el puño la mesa</p>
<p>Y exige tus derechos</p>
<p>Toma partido, haz conciencia</p>
<p>Enciende la flama de la juventud</p>
<p>Y da el paso correcto&#8230;.</p>
<p>Tienes la libertad de elegir&#8230;.&#8221;</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><em>There&#8217;s a spiritual emptiness<br />
So the youth them get vexed<br />
Skip class and get wrecked<br />
Feel with beer and cigarettes<br />
To fill the hole in their chest!</em></p>
<p>&#8220;Hay un vacío espiritual</p>
<p>Que incita al enojo de los jóvenes</p>
<p>Se van de pinta y arruinan su vida</p>
<p>Y llenan de cerveza y cigarros</p>
<p>El hueco que hay en su pecho&#8230;&#8221;</p>
<p>Otra de sus canciones (mi favorita) &#8220;Time of your song&#8221; narra lo que tal vez fue &#8220;su llamado&#8221;. Así como Dios interpeló a Saulo en el desierto, cuando perseguía a los primeros cristianos, Dios le habló a Matisyahu a través de una vieja melodía de su infancia y le reveló cuál sería su camino. Dice la canción:</p>
<p><em>Moonlight illuminate my night and my days sunray make the people say<br />
Had a vision somethings missing so they&#8217;re screaming out loud<br />
Keep my feet on ground and my head in the clouds.<br />
I&#8217;m the arrow, you&#8217;re my bow, shoot me forth and I will go<br />
And I know and I go and I go get up and go<br />
Make me feel its for real tell me what you know.</em></p>
<p>&#8220;La luna ilumina mis noches y el sol mis días&#8230;Tuve una visión de que algo estaba perdido y ví a una multitud gritado muy fuerte&#8230;Mantendré mis pies en el suelo y mi cabeza en las nubes&#8230;Yo soy la flecha y Tú el arco, dispárame y me iré&#8230;Hazme sentir que esto es real&#8230;.Dime lo que sabes&#8230;&#8221;</p>
<p>Matisyahu es, probablemente, uno de los músicos más influyentes entre los jóvenes no sólo de Estados Unidos, sino de muchas partes el mundo. Incluso en lugares en donde no se practica el judaísmo o incluso se desconoce, Matisyahu convoca en sus conciertos a multitudes de jóvenes de todas las edades, y los hace entrar en una especie de trance y liberación de adrenalina a la vez para elevar a Dios el coro de voces más <em>sui generis</em> con que jamás se le haya alabado. Y Dios lo escucha y acude a él.</p>
<p>¡Shalom!</p>
<p>Teresa Padrón Benavides</p>
<p align="right">
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		<title>Adios a una ceiba verde</title>
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		<pubDate>Sat, 23 May 2009 19:03:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teresa de Jesús Padrón Benavides</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8220;Nudos amargos duelen en tus maderos, encina verde,
Que tus contornos te quieran, que te respete la muerte&#8230;&#8221;
Joan Manuel Serrat
Los antiguos mayas creían que la una gran Ceiba enraizada en el centro de la tierra conectaba el mundo espiritual con el terrestre. Pensaban que sus largos brazos cubiertos de hojas servían de escalones entre el cielo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="right">&#8220;<em>Nudos amargos duelen en tus maderos, encina verde,</em><em><br />
Que tus contornos te quieran, que te respete la muerte&#8230;&#8221;<br />
Joan Manuel Serrat</em></p>
<p align="justify">Los antiguos mayas creían que la una gran Ceiba enraizada en el centro de la tierra conectaba el mundo espiritual con el terrestre. Pensaban que sus largos brazos cubiertos de hojas servían de escalones entre el cielo y quienes intentaban ascender a él. Además, creían que el espíritu de la Ceiba era indomable, puesto que, aún después de talados los bosques, siempre persistía, enhiesta y frondosa, una gran Ceiba. Aún hoy, no es raro observar, en medio del campo sembrado, o de una plancha de adoquines o cemento, erguida, bella, y exuberante, una Ceiba.<span id="more-1240"></span></p>
<p align="justify">En esta hermosa y húmeda mañana de verano, mientras bebo mi primer café y escucho las noticias del mundo por Internet, observo a través de la ventana las plantas de mi jardín, aún mojadas por la copiosa lluvia de ayer por la noche, exhalando deliciosos aromas y sirviendo de alimento a unos cuantos revoltosos colibríes que se disputan el néctar de sus flores (campanitas).</p>
<p align="justify">No puedo evitar pararme de mi silla e ir a contemplar el espectáculo. Suspiro profundamente y me pregunto si no será esta sensación tan placentera lo más parecido al paraíso. Salgo repentinamente de mis cavilaciones al escuchar, a través de la radio de la BBC, una entrevista con el Doctor Osvaldo Canziani, premio Nóbel de la Paz por sus contribuciones a tratar de frenar el cambio climático.</p>
<p align="justify">El doctor Canziani comienza diciendo algo muy cierto (y que fue tema de mi última colaboración a este periódico). Independientemente de los esfuerzos que hagan los gobiernos de los países por reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, de implementar políticas para sancionar a las empresas que contaminen, etcétera, nosotros, cada individuo como habitante de este planeta, tenemos una RESPONSABILIDAD ÉTICA con su preservación y, por ende, con cada una de las especies que lo habitan (y eso, por supuesto, incluye a los animales, los árboles y las plantas).</p>
<p align="justify">Es decir, las consecuencias devastadoras para el planeta, producto del cambio climático, no son sólo producto de la contaminación provocada por las grandes industrias, sino de cada persona individualmente, cualquiera que sea su función, desde ejecutivos hasta amas de casa, pasando por estudiantes, obreros, burócratas, artistas, intelectuales, maestros, padres de familia, en fin. Todos y cada uno de nosotros debemos asumir nuestra parte de culpa en el deterioro de la Tierra y actuar en consecuencia. Hallar la manera de, cualquiera que sea nuestro quehacer, encaminarlo (por lo menos un poco) a cumplir con ese compromiso ético para con el planeta. Un artista plástico, podrá montar una exposición cuyo tema central sea, por ejemplo, la tala indiscriminada; un burócrata, fomentará desde su lugar de trabajo el reciclaje, llevándose a casa las latas de refresco de sus compañeros (incluso cuando lucre con ellas) y, así, podrá el ejemplo entre los demás, quienes también querrán sacar algún provecho con ello.</p>
<p align="justify">Algunos lo haremos desde la trinchera del aula, independientemente cuál sea la materia que impartamos, dedicando un pequeño tiempo de la clase a discutir de estos temas con los alumnos. A escuchar sus inquietudes, sus ideas y a ayudarles a darles forma a manera de propuestas canalizándolas a las autoridades a manera de un artículo, un ensayo, una petición, ó, incluso, una protesta abierta y directa hacia &#8220;quien resulte responsable&#8221;, incluso si con ello ponemos en riesgo nuestra permanencia en la institución educativa a la que pertenezcamos.</p>
<p align="justify">Y es justamente en este punto en dónde retomo el hilo conductor de este trabajo, la Ceiba, &#8220;mi&#8221; Ceiba. Una institución de educación superior, se ha dedicado, en &#8220;aras del progreso, la modernidad y la calidad&#8221; (nótense las comillas) a &#8220;mutilar&#8221; árboles y flora endémica de nuestra región y que antes existían dentro de la escuela. Entre ellos una enorme, hermosísima y frondosa Ceiba bajo cuya amable sombra tantas veces di consejos extramuros a mis alumnos y sostuve amenas charlas con compañeros maestros. Es devastador. Es un panorama desolador e inmensamente triste. Inmensas placas de concreto y enormes y sombríos edificios en dónde antes había árboles, pasto, plantas, VIDA!!! Lo más alarmante, es que esto se dé en un lugar que debiera ser, por antonomasia, precursor del humanismo, el cual entraña, entre otras cosas, la preservación y cuidado de la Naturaleza: la universidad.</p>
<p align="justify">Podrá haber quienes argumenten que &#8220;los nuevos tiempos lo requieren&#8221;. Que cada vez hay más demanda educativa y que, por tanto, hay que darle prioridad a las aulas (claro, como los árboles no pagan colegiatura&#8230;) No, los árboles no pagan nada, porque nos dan todo. Todo lo que necesitamos para vivir. La fuente de vida, que es el agua, incluye en su ciclo vital a los árboles. De la abundancia o escasez de ellos depende que llueva mucho o poco en un sitio. De su presencia depende también, que el clima de una región sea o no extremadamente caluroso (como el que sufrimos en nuestra querida Cajeme).</p>
<p align="justify">Pero, este argumento de la escasez del agua en la región, podrá ser esgrimido también por los ingenieros, arquitectos, diseñadores de jardines autoridades escolares y &#8220;expertos&#8221; en la materia (como los ingenieros ambientales, cuya carrera cursan en esa escuela, por cierto) para justificar su barbarie. ¡Tonterías!</p>
<p align="justify">Todo mundo sabe que, a mayor forestación, más lluvia y, en consecuencia, más abasto de agua. Tenemos un gran sistema de captación de agua en el estado, pero si no empezamos por promover (con el ejemplo, claro está, que así es como se aprende, y a la escuela vamos, principalmente, a aprender), la cultura del agua (la cual incluye el <strong>NO TALAR ÁRBOLES, SINO PLANTARLOS), </strong>nuestra actitud de despilfarro no cambiará.</p>
<p align="justify">Tendemos a creer, erróneamente, que una escuela cuyo lema es la promoción y difusión de los vínculos comerciales, los negocios, la mercadotecnia, la competencia, es el lugar idóneo para que estudien y se &#8220;formen&#8221; nuestros hijos. Otra falacia. Para empezar los &#8220;valores&#8221; se enseñan en casa y se refuerzan en la escuela. Si la técnica no va acompañada de un humanismo, se convierte en automatización, en trabajo mecánico realizado por una especie de robots o androides completamente insensibles a lo que pasa a su alrededor.</p>
<p align="justify">Como maestra tengo un compromiso ineludible para con mis alumnos y es el de transmitirles ambas cosas. Conocimientos prácticos y valores universales, imperecederos, cono el respeto a la Naturaleza, aun si esto implica ir en contra de las &#8220;políticas de la empresa&#8221;. Una escuela <em>no es ni debe ser</em> una empresa. Una universidad debe ser eso mismo, un &#8220;universo&#8221; de conocimientos. La técnica sí, pero también el humanismo y éste, como dije antes, entraña el respeto por la vida en todas sus formas, los árboles incluidos.</p>
<p align="justify">Mi compromiso es no sólo para con mi hijo, con mis alumnos, con mis amigos o mi familia. Mi deber es también para las futuras generaciones, es decir, para la posteridad. Para que no se agote la vida en la Tierra, nuestro hogar, el único lugar posible para la vida.</p>
<p align="justify">
<p align="justify">
<p align="right">
<p align="right">Teresa de Jesús Padrón Benavides</p>
<p align="right">teresa_padron@hotmail.com</p>
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		<title>Influenza; El orgullo del mexicano, puesto a prueba.</title>
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		<pubDate>Tue, 28 Apr 2009 06:55:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teresa de Jesús Padrón Benavides</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[Ante este panorama tan desolador, ¿cómo podemos esperar enfrentar juntos, como mexicanos unidos por una causa común, una epidemia de este tipo? La verdad es que, como dice Jesús Silva-Herzog Márquez , citando al sociólogo alemán Ulrich Beck, "somos la sociedad del riesgo... nuestro futuro está marcado por la inseguridad...". Y claro, la acumulación de riquezas en manos de unos cuantos, la devastación desmedida del planeta en aras de un consumismo absurdo, aunado a tantos otros problemas sociales consecuencia de estos y otros errores anteriores, nos están pasando la factura muy caro.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><!-- 	 	 --></p>
<p align="right">&#8220;Together we stand, divided we fall&#8221;</p>
<p align="right">Pink Floyd</p>
<p>México es el epicentro de una epidemia de gripe porcina que amenaza con convertirse en una pandemia sin precedentes. No hay vacuna para esta mutación del virus de la influenza. Las medidas que han tomado el gobierno y las autoridades de salud son drásticas. Las imágenes que circulan en la red y en los periódicos de todo el mundo parecen apocalípticas. La gente usando cubre bocas, cargando al &#8220;Cristo de la salud&#8221;, llorando a sus muertos. Los hospitales y laboratorios trabajando a marchas forzadas. Las calles vacías, desiertas. Las escuelas sin niños. Los centros de trabajo cerrados.</p>
<p><span id="more-932"></span></p>
<p>Pareciera que estamos ahora sí, asistiendo al fin de los tiempos, que anuncia el Apocalipsis. Esperando lo peor. Como espectadores indefensos e inútiles ante la tragedia y la miseria humanas. Ninguno es menos vulnerable que otro. Todos podemos ser presa fácil de la epidemia. Algunos, sin embargo, estamos más desprotegidos. Nuestro sistema inmunológico es más débil, pero sólo son nimiedades respecto de la magnitud del problema.</p>
<p>Atrás han quedado las notas que habían ocupado las primeras planas: asesinatos y ajustes de cuentas entre cárteles de la droga en todo el país; abusos de autoridad de políticos corruptos que tienen sumergidos a sus pueblos en la miseria; impunidad para violadores y pederastas cobijados por gobernantes y por la iglesia; mujeres asesinadas, niños explotados laboral y sexualmente; falta de oportunidades y desempleo, etcétera.</p>
<p>Lo peor de todo es que todos estos abusos y crímenes son perpetrados por mexicanos contra mexicanos. Sí. Lo triste es que el país esté sumido en esta nefasta situación víctima de sus propios habitantes. El mexicano como verdugo del mexicano. Por más que queramos echarle la culpa a alguien o a &#8220;algo&#8221; que flota en el ambiente, la verdad es que no nos sentimos parte de una comunidad. No hay solidaridad entre nosotros. No nos vemos unos a otros como &#8220;hermanos&#8221;. Las únicas situaciones en que nos sale el &#8220;orgullo&#8221; mexicano es cuando (¡que cosa tan patética!) juega nuestra selección nacional (en especial si va contra los pin&#8230; gringos, decimos). ¡Qué tristeza!</p>
<p>Ante este panorama tan desolador, ¿cómo podemos esperar enfrentar juntos, como mexicanos unidos por una causa común, una epidemia de este tipo?  La verdad es que, como dice Jesús Silva-Herzog Márquez , citando al sociólogo alemán Ulrich Beck, &#8220;somos la sociedad del riesgo&#8230; nuestro futuro está marcado por la inseguridad&#8230;&#8221;. Y claro, la acumulación de riquezas en manos de unos cuantos, la devastación desmedida del planeta en aras de un consumismo absurdo, aunado a tantos otros problemas sociales consecuencia de estos y otros errores anteriores, nos están pasando la factura muy caro.</p>
<p>Esta es la hora de la verdad. Es tiempo de demostrarnos a nosotros mismos y al mundo que el orgullo mexicano es algo muy distinto de cantar corridos, usar sombrero, tomar tequila y ser muy machos. Es tiempo de demostrarnos a nosotros mismos todo lo que nos dicen los mensajes gubernamentales, los anuncios televisivos, que somos una sociedad fuerte,  que saca la casta por sus compatriotas, que se solidariza ante el dolor de los demás y que actúa en consecuencia.</p>
<p>Porque, ante una amenaza de esta magnitud, ni nuestras casas bien construidas, ni nuestros trabajos estables, ni nuestros carros último modelo ni todo nuestro dinero ni nuestras influencias servirán de algo.</p>
<p>Las epidemias (y esto es casi  una pandemia) no distinguen entre ricos y pobres, jóvenes y viejos, mujeres y hombres.  Ni toda la tecnología ni la información instantánea de la que disponemos valen a la hora de enfrentarnos a una verdad como esta. Estamos inmersos en el riesgo. Sin embargo, sí podemos hacer mucho para mitigar el sufrimiento y el dolor de los demás. Podemos también, echar mano de un recurso casi olvidado en nuestro lenguaje cotidiano, plagado de insultos y malas palabras: la fe.</p>
<p>Y cuando hablo de fe, no me refiero a la fe religiosa. Dios no tiene nada que ver aquí (aunque muchos piensen lo contrario). La fe en nosotros mismos, en nuestra capacidad de respuesta, de auxilio y de compasión. La confianza de que, sin importar cuán grande sea la amenaza, habrá cientos y miles de personas (compatriotas y extranjeros) haciendo algo por la humanidad. Personas que aún aman la vida en todas sus formas. Personas que no han perdido la fe en el hombre, aunque muchas veces se hayan decepcionado de sí mismos y de los demás.</p>
<p align="right">
<p align="right">Teresa de Jesús Padrón Benavides</p>
<p align="right">Teresa-padron@hotmail.com</p>
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		<title>El amor y la amistad en los tiempos del marketing</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Apr 2009 19:12:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teresa de Jesús Padrón Benavides</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[
« I don&#8217;t care too much for money, for money can&#8217;t buy me love »
The Beatles
&#8220;Money, so they say, is the root of all evil today&#8221;
Pink Floyd

Hace tiempo, mientras esperaba mi turno para pagar el recibo de la luz en un cajero automático de un centro comercial, miraba los escaparates en torno mío: globos en forma de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><em></em></p>
<p align="right">« I don&#8217;t care too much for money, for money can&#8217;t buy me love »</p>
<p align="right">The Beatles</p>
<p align="right">&#8220;Money, so they say, is the root of all evil today&#8221;</p>
<p align="right">Pink Floyd</p>
<p align="right">
<p>Hace tiempo, mientras esperaba mi turno para pagar el recibo de la luz en un cajero automático de un centro comercial, miraba los escaparates en torno mío: globos en forma de corazón, atrevidas y diminutas prendas íntimas, osos de peluche, cajas de chocolates, en todo predominaba el color rojo brillante. Una pareja de novios con uniforme escolar se comían a besos en una banca del lugar indiferentes a las miradas de los transeúntes. Un esposo hurgaba entre las carísimas fragancias y cosméticos de una tienda de departamentos en busca del regalo ideal para su mujer. Una muchacha joven y guapa, se probaba frente al espejo, encima de su ropa, blusas y suéteres (todos rojos) ajustados a su escultural cuerpo mientras pedía la opinión de su compañera.<span id="more-923"></span></p>
<p>Se aproxima el 14 de febrero, recordé.  Me alejé del lugar reflexionando respecto del valor de las cosas. No del valor monetario, sino del valor afectivo. ¿Cuándo me regaló algo mi abuela Amelia? ¿La quería menos que a mi otra abuela, quien me traía regalos de Europa? ¿Cuánto cuesta, por ejemplo, hacer feliz a un niño pequeño? ¿Pueden las cosas sustituir el afecto? ¿Qué significa para una esposa que su marido le compre un reloj &#8220;de marca&#8221; si nunca pasa tiempo con ella? ¿Se necesita dinero para pasar un rato agradable en compañía de nuestros amigos y seres queridos? ¿Cuánto?</p>
<p>Recordé que hace unos días, disfrutaba de la compañía de un amigo muy querido bebiendo un delicioso café de 10 pesos, arriba de su carro, en una calle tranquila y creo que hacía mucho tiempo que no vivía un momento tan placentero. El delicioso aroma y el sabor del café (que, por cierto, es una de mis debilidades) se acentuaron con la conversación y la agradable compañía de mi amigo.</p>
<p>Pensé en la cantidad de gente que se priva de disfrutar estos placeres casi gratuitos, en su afán por alcanzar otros, mucho menos gratificantes, mucho menos estimulantes y mucho más irrealizables. Pero, ¿qué o quién ha llevado a la inmensa mayoría de las personas a menospreciar lo verdaderamente importante haciéndoles creer que la felicidad sólo es posible con dinero?</p>
<p>Las grandes empresas se han adueñado del tiempo de sus empleados de manera tal que éstos estén dispuestos a renunciar a una vida tranquila y contemplativa, que nos permita, por ejemplo, leer un buen libro,  Una vida en donde el esparcimiento, la diversión en familia y con amigos, cede su lugar a las horas extra, el estrés y el agotamiento físico e intelectual.  Pero, a cambio de ese &#8220;sacrificio&#8221;, tenemos dinero para comprarnos una camionetota (más grande que la cochera de la casa), o una pantallota (que casi no cabe en la sala) para ver el futbol, tomando coca cola (&#8220;la chispa de la vida&#8221;) y comiendo comida chatarra. A eso se reduce nuestra &#8220;vida feliz&#8221;.</p>
<p>Vivimos en una sociedad de consumidores, producto de la globalización y el libre mercado y  en donde apenas si se tiene tiempo de &#8220;pensar&#8221; o de elegir concienzudamente lo que en verdad queremos y esto se debe, entre otras cosas, a la vorágine publicitaria en la que estamos inmersos y de la cual somos víctimas. Ella es quien decide por nosotros, aunque pensemos que es al revés.</p>
<p>Y la publicidad está ¡en todas partes! Incluso nos la llevan a domicilio a través de panfletos y de folletos, para que no tengamos que preocuparnos por &#8220;pensar&#8221; en lo que &#8220;necesitamos&#8221; Ellos, los &#8220;genios&#8221; lo saben todo, todo lo anticipan: qué queremos, qué requerimos para ser &#8220;felices&#8221;.  Saben incluso quién es nuestra pareja ideal.</p>
<p>Y es precisamente del consumismo y cómo ha afectado nuestras relaciones, en especial amorosas, de lo que quería hablar desde el principio Los medios han tomado el lugar de los cafés, las bibliotecas, las librerías, los museos,  los salones de baile y en fin, todos aquellos lugares en donde uno podía socializar, hacer amistades perdurables e incluso conocer al amor de su vida.</p>
<p>&#8220;La publicidad ejerce una influencia decisiva en los gustos, la sensibilidad, la imaginación y las costumbres de las personas&#8230;&#8221; dice Vargas Llosa en el último número de <em>Letras Libres</em>. Y es verdad. En la era del consumismo, los productos pierden su vigencia y dejan de ser &#8220;útiles&#8221; de una forma tan vertiginosa que apenas si tenemos tiempo de usarlos cuando ya son &#8220;obsoletos&#8221; y su sitio lo ocupan otros <em>casi </em>iguales, sólo que &#8220;mejorados&#8221;, &#8220;plus&#8221;, &#8220;extra&#8221;. Entonces, el consumismo va acompañado de otro fenómeno paralelo: el del deshecho.</p>
<p>El sociólogo Zygmunt Bauman dice en su libro<em> Vida de consumo</em>, que la publicidad y los medios masivos, han hecho que las relaciones humanas sigan este mismo patrón de comportamiento. Es decir, consumimos y desechamos a nuestros amigos y a nuestras parejas, cual si fuesen objetos que van perdiendo su valor, su vigencia y su brillo con el paso del tiempo. Y peor aún, nosotros mismos nos hemos vuelto objetos de consumo, ya que, en nuestro afán por sobresalir y por pertenecer al &#8220;selecto&#8221; grupo de quienes tienen el poder de decidir,  exhibimos nuestro cuerpo, no desnudo, pero sí transformado en algo que no es, ni de lejos, un cuerpo humano &#8220;real&#8221;.</p>
<p>Y así vamos mostrándole al mundo quiénes somos: somos algo consumible y, por tanto, desechable a menos que continuemos en la vertiginosa carrera de estar a la moda (en todos los sentidos) para continuar siendo productos apetecibles dentro del mercado de consumo al que hemos reducido nuestra razón de ser.</p>
<p>En un escenario como este, las personas cuyos intereses no están cifrados en lo material y cuya felicidad consiste en todo aquello que no puede comprarse ni venderse, son consideradas como fracasadas o, simplemente, inadaptadas y, por tanto, se les margina y se les menosprecia. Sin embargo, existimos, &#8220;somos&#8221; y digo somos porque yo me considero una de esas personas &#8220;raras&#8221;, según la opinión de la gran mayoría. Y servimos de ejemplo como contraparte a todo el absurdo que el consumismo conlleva para mostrar, a quien quiera verlo, que hay formas alternativas de ser feliz.</p>
<p>Sí, es cierto que el dinero sirve, entre otras cosas, para procurarnos los medios de llevar una vida digna. Una vida que nos permita  no sólo cubrir nuestras necesidades básicas, sino tener lo suficiente para dedicarnos a hacer lo que nos gusta sin remordimientos. Y también, poder dedicarle tiempo a lo que verdaderamente vale la pena. Pasar más tiempo con los nuestros, por ejemplo; viajar, estudiar un posgrado, o un idioma extranjero, dedicarnos al altruismo, en fin.</p>
<p>El dinero debe servir para permitirnos acceder a un estado de cosas mejor que el que conocemos. Es decir, para hacer de nosotros mejores personas. Personas inteligentes, cultas, sensibles, con capacidad crítica.  El dinero debe servir para allegarnos los recursos que hagan de nosotros seres más civilizados, que nos humanice, nos sensibilice respecto de los grandes problemas del mundo. Debe servir para educar el buen gusto, el refinamiento, el aprecio por las artes, por lo bello y por lo bueno y noble.</p>
<p>El dinero debe servir, antes que nada, para distribuirlo equitativamente de manera tal que todos puedan acceder a este tipo de bienes que no son de consumo, sino que son bienes imperecederos, indispensables para vivir mejor, en todos los aspectos.</p>
<p align="right">
<p align="right">Teresa de Jesús Padrón Benavides</p>
<p align="right">teresa_padron@hotmail.com</p>
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